La caída del caballo de Thomas L. Friedman

Y Thomas L. Friedman se cayó el caballo. En este artículo en The New York Times, el prestigioso periodista llega taaaaarde a la obvia realización de que la solución de los dos Estados en Palestina e Israel es una idea muerta ya que lo que hay de facto en la zona es un Estado desde el mar hasta el río. A partir de aquí –bienvenido al mundo real, aunque sea con más de una década de retraso– Friedman lista los culpables de que se haya muerto ese proceso de paz que tanto le ha dado de comer durante tanto tiempo: la extrema derecha (colonos) israelíes, Binyamin Netanyahu, Hamas (por elegir no convertir Gaza en Singapur (sic), en serio, lo dice en serio) y Mahmud Abbás por echar a Salam Fayyad (recontrasic) y dedicarse a buscar resoluciones de la ONU (qué desfachatez) en lugar de construir un Estado (recontracontrasic). Friedman dedica, por supuesto, más espacio a las culpas de Hamas y Abbás que a las de Netanyahu.

El artículo de Friedman es un ejemplo de libro de por qué el llamado proceso de paz ha fracasado. Porque los colonos no actúan sin el beneplácito ni el impulso del Estado de Israel (al contrario, son su vanguardia); porque aunque Hamas quisiese Gaza no puede ser Singapur con el bloqueo del Estado de Israel (e internacional); porque ni Fayyad ni nadie puede construir instituciones de Estado en la ANP con una Cisjordania que es un queso de gruyere a causa de las políticas del Estado de Israel; y porque Netanyahu no es un loco que lleva a su país a donde no quiere ir, sino al contrario: es consecuencia de lo que se ha convertido el Estado de Israel.

Sí, el Estado de Israel es el denominador común del anterior párrafo.

Así que cuando Friedman se lamenta de que muchos son los que han apuñalado el proceso de paz, él debería contarse entre uno de los que lo han hecho. La equidistancia, el doble rasero y la insistencia de que aquello es un conflicto entre iguales (y no un asunto entre ocupante y ocupados) tiene si no tanta responsabilidad en lo que sucede como las políticas del Estado de Israel, sí mucha, ya que sin la cobertura de cientos de Friedmans (sin ser este periodista ni de lejos el peor) Israel no hubiese gozado de la impunidad internacional que es crucial para entender lo que sucede.

Y lejos de escarmentar tras caerse del caballo, ahí sigue Friedman: con su (parcial) equidistancia, esa injusta, criminal y sangrienta equidistancia. Lo cual augura lo que está por venir: ahora que el asunto no es de dos Estados, si no de derechos civiles dentro de un Estado, la capa de impunidad a un régimen indefendible cosida por los Friedmans de este mundo seguirá siendo la misma.

Porque al final, unos son blancos y los otros, no.

PD: Ahora que un tótem como Friedman dice un par de obviedades, va a ser taaaaaaaaaaaaan divertido ver a tropas de equidistantes que llevan toda una vida profesional viviendo del proceso de paz decir que ellos ya lo decían. Lo que decían, en realidad, es que quien decía que los dos estados como idea estaba muerta era un pro-palestino y un naíf (por usar dos etiquetas suaves).

@jcbayle

Anuncios

2 pensamientos en “La caída del caballo de Thomas L. Friedman

  1. Pingback: Lieberman, el puño de hierro sin guante | Palestina en el corazón

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s