Trump: un pitbull sin pintalabios

A Mitt Romeny no le gusta Donald Trump. El millonario mormón que en el 2012 perdió las elecciones ante Barack Obama y que en el 2008 perdió las primarias republicanas ante John McCain ha cargado duramente contra el millonario que encabeza por ahora la carrera en el GOP para ser el candidato a la Casa Blanca. Romney ha sido el último venerable nombre del partido –lo que la prensa estadounidense llama ‘establishment’ republicano— en cargar contra Trump. Le ha dicho, literalmente, de todo en un discurso dedicado a desprestigiar al tipo que encabeza las primaria de su partido. Un párrafo ilustrativo: “There are a number of people who claim that Mr. Trump is a con man, a fake. There is indeed evidence of that. Mr. Trump has changed his positions not just over the years, but over the course of the campaign, and on the Ku Klux Klan, daily for three days in a row.”

Desde que Trump, a lomos de la indispensable atención mediática, fue consolidándose en las encuestas hasta ahora que su candidatura no es sólo un chiste (malo) sino una posibilidad real (ya sea con los republicanos, ya sea como independiente), es frecuente leer y escuchar que el ‘establishment’ del Partido Republicano está asustado y preocupado por la posibilidad de que sea un impresentable como él quien lidere al partido ante Hillary Clinton. El discurso de Romney no es más que un paso más en este sentido.

¡Pobre Partido Republicano, que le ha salido un demagogo en su seno y aún no sabe cómo!, podría pensar algún incauto. No es así. Trump es sólo la evolución lógica de la política irracional e irresponsable que los republicanos llevan años practicando, desde los apóstoles de las radios  y de Fox News (Rush Limbaugh, Sean Hannity, Bill O’Reilly) hasta gurús electorales como Karl Rove, pasando por supuesto por el Tea Party, ese movimiento que se ha dedicado a boicotear la presidencia de Barack Obama con una estrategia basada en la ignorancia, el negacionismo, el discurso del odio y la anti-política. Fue a lomos del Tea Party que el partido Republicano se ha convertido en un partido que puede controlar el Congreso pero que no encuentra quién le gane la Casa Blanca.

Palin, orgullosa de su ignorancia

Cómo olvidar la excitación en la convención republicana del 2008 en Saint Paul (Minnesota) cuando Sarah Palin subió al escenario como flamante candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos y dejó para la posteridad política su famoso chiste: “¿Cuál es la diferencia entre una ‘hockey mom’ y un pitbull? El pintalabios”. El centro de convenciones se vino literalmente abajo con los aplausos de los presentes (la mayoría blancos, decir que eran de mediana edad sería generoso, Esperanza Aguirre, entusiasmada, entre ellos). A partir de ahí, Palin desgranó un discurso tan ingenioso como el chiste, repleto de los tópicos irracionales conservadores. Palin y su jefe, McCain, perdieron, y la exgobernadora de Alaska luce desde entonces con orgullo el título de ser una de las candidatas más ignorantes que han aspirado a tan alto cargo (sí, a su lado Dan Quayle era un intelectual).

Palin no fue una espontánea: fue la decisión que tomó el Partido Republicano para solucionar un problema irresoluble, el de la manta corta. Nadie es lo bastante conservador en todos los aspectos de la vida y de la política, desde los impuestos al aborto pasando por no creer en Darwin, para satisfacer a una base republicana incendiada desde las ondas, eminentemente blanca y alejada de las grandes ciudades. Bueno, nadie excepto Trump, que en su afán de buscar votos por todas partes simpatiza hasta con el Ku Klux Klan. Máscaras, y nunca mejor dicho, fuera. Por esto se ha acuñado con razón en EEUU el término de Frankentrump, el monstruo creado por los republicanos que se ha girado contra su creador. Eso sí, este Prometeo no es moderno, sino que encarna todo lo que es rancio.

En esta tesitura, parece que por comparación los nobles miembros  del ‘establishment’ del Partido Republicano son unos virtuosos intelectuales, dechados de tolerancia y de ‘savoir faire’. Cojamos, sin ir más lejos, a los dos oponentes que quedan en pie en las primarias. Ted Cruz, senador, exasesor de George W. Bush, ha acusado a Barack Obama de traición y  de financiar el terrorismo islámico y tuvo un papel crucial en el desastroso cierre del Gobierno federal en el 2013 a cuenta del límite de gasto público, una de las cumbres del disparate y la irresponsabilidad ideológica del Tea Party. Cruz considera a muchos de sus colegas del partido Republicano, como John McCain o John Boehner, obamistas encubiertos.  Cruz dijo en el Senado, no en el fragor de un mitin, que no combatir la reforma sanitaria de Obama era comparable a la política de apaciguamiento con los nazis.

Rubio, casi perfecto

¿Y qué decir de Marco Rubio, senador por Florida? Rubio también es de origen hispano y tiene un rating conservador del 98.67 según la clasificación de The American Conservative Union. Negacionista del cambio climático, anti-aborto y ant-bodas gay, defensor del bloqueo de Cuba, Rubio lo tendría todo para ser el candidato favorito del Tea Party si no fuera, ay, porque es partidario de una reforma migratoria (nadie es perfecto en el mundo del conservadurismo estadounidense). Su opinión sobre Trump es: “Donald Trump is not a Republican. Donald Trump is not a conservative. Donald Trump is trying to pull off the biggest scam in American political history, basically a con job, where he’s trying to take over the Republican Party by telling people he’s someone who he is not”.

Es curioso, porque no hay demasiados asuntos ideológicos, desde los impuestos al peso del gobierno, desde el aborto al cambio climático, desde la sanidad pública a la política exterior, en los que Trump se diferencie del credo conservador más puro, de sus oponentes republicanos y de ese ‘establishment’ que tanto ha hecho para crear el caldo de cultivo en el que el empresario-celebrity se ha convertido en una alternativa real para aspirar a la Casa Blanca. Si acaso, Trump es (un poco) más descarado, (un poco) más desvergonzado, (un poco) más descarnado, (un poco) menos político, (un poco) más demagogo, (un poco) más oportunista.

Un pitbull sin pintalabios.

Como diría Malcom X, para el partido Republicano, the chickens have come home to roost.

@jcbayle

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