Los pederastas no usan Periscope

Gerard Piqué, quién si no, ha enfadado un poco a los periodistas al protagonizar una rueda de prensa en directo a través de Periscope desde el autocar del Barça tras el partido con el Rayo Vallecano (y repitió después del partido del Eibar). El central de Barça argumentó así por qué prefiere hablar directamente con sus seguidores sin intermediarios periodísticos de por medio: “Las zonas mixtas están muy bien y atenderé a la prensa siempre que me toque, las televisiones pagan y toca hacerlo y los periodistas son buena gente y hay que atenderlos. Pero a veces contestas y cortan y emiten lo que quieren, solo las palabras que interesan para vender más. Prefiero expresarme aquí que no hay malentendidos y está todo entero”.

Por su rueda de prensa a través de Periscope a Piqué lo han criticado muchos de esos mismos periodistas que cada vez que el central del Barça escribe algo en Twiter titulan cosas del tipo “Piqué la lía en Twitter” o “Las redes arden con el último tuit de Piqué”. En lo alto de la atalaya moral en la que los periodistas nos solemos encaramar cuando nos critican, a Piqué le han dicho que si no quiere el escrutinio de la prensa por algo será, que no es admisible en un personaje público que evite a los periodistas, que la opinión pública y los socios del Barça tienen derecho a ser informados de lo que hacen y dicen los  jugadores azulgranas. La ‘periscopada’ de Piqué llega, además, en un momento en que el Barça dificulta el trabajo de los periodistas que informan sobre el club y el equipo como nunca antes.

Me gustaría aportar unos datos antes de seguir: la cuenta de Twitter de Piqué tiene 12 millones de seguidores. Por comparación: la del As tiene 2,1 millones; Marca, 4,08 millones; El Mundo Deportivo,  2,1 millones; Sport, 1,18 millones. Es decir, los cuatro principales medios de comunicación deportivos del país juntos no alcanzan la difusión que un tuit de Piqué puede tener.

Rajoy y su plasma

Seguimos: lo siento, pero como periodista no voy a crucificar a Piqué por su Periscope. Al fin y al cabo a Mariano Rajoy, un hombre más tradicional, los medios le hemos autorizado sus plasmas durante toda una legislatura, porque eso, autorizarlos, es enviar a periodistas a ruedas de prensa en las que sabemos que el presidente del Gobierno no va a responder preguntas y ni siquiera va a estar en persona. No creo que lo de Piqué presente, como he oído y leído, “nuevos retos para la profesión periodística”. Si acaso, para la profesión de escribiente. Hacer de correa de transmisión, hilo de conductor o intermediario entre un futbolista famoso o el presidente del Gobierno y la opinión pública no es periodismo. Uno de nuestros graves problemas como periodistas es que hace tiempo que confundimos comunicación con información.

Así que, si fuera un pelín naíf, lo que haría sería darle la bienvenida al Periscope de Piqué. Si los famosos y los políticos se dedican a hacerse ellos mismos la comunicación, los ingentes recursos que los medios dedican a hacerles la comunicación (más o menos) gratis podríamos dedicarlos a otra cosa. A hacer periodismo, por ejemplo. Pero no soy naíf. Busco y rebusco en Google un análisis deportivo del partido que hizo Piqué en Vallecas antes de su rueda de prensa en Periscope. No encuentro más que algunas frases sueltas. Lo más parecido a una noticia es que le propuso a Mascherano chutar el penalti que falló Luis Suárez y este declinó. Declaración que hizo… en Periscope. Sí: de la denostada rueda de prensa de Pericope encuentro muchas noticias (250.000 hits en Google tiene la búsqueda “Piqué Periscope”); del partido de Piqué en Vallecas, casi nada. ¿Por qué? Porque la prensa española dedicó más recursos (periodistas y espacio) a informar sobre la rueda de prensa de Piqué en Periscope que de su partido en Vallecas. Exageras, me dirá alguien. ¿Sí? El partido de Vallecas tuvo un lance clave: la expulsión del jugador del Rayo Llorente por una entrada a Rakitic. La combinación de búsqueda “Rakitic, expulsión, Llorente” en Google da 17.000 hits.

No soy naíf, digo, porque soy consciente de que el hecho de que famosos y políticos hayan decidido que ya no nos necesitan para que hagamos de hilos conductores entre ellos y la sociedad no implica necesariamente que los medios vayan a redoblar esfuerzos para que los periodistas seamos los hilos conductores entre la sociedad y los políticos (y los gobiernos, y los poderes económicos, y también los famosos, aunque esto en realidad importa menos). Famosos y políticos no hablarán con nosotros, los periodistas, pero eso no significa que no nos podamos hinchar a publicar noticias sobre cómo arde Twitter con lo que vuelcan en las redes sociales.  A ser posible, lo haremos con el formato que ya inventó Gila en su momento: alguien ha matado a alguien (“¿A que no sabes lo que ha dicho Piqué de Arbeloa?”), que por lo visto es el (pen)último grito en lo que estrategia de Community Manager se refiere. Es una constante de la revolución digital en los medios: gran parte de los debates que los gurús dicen que genera (veracidad versus rapidez, lo sensacional o lo sexual o lo bizarro como forma de captar audiencia) hace décadas, incluso siglos, que el periodismo los zanjó. Que un buen par de tetas y sangre en tu portada dan audiencia está más que probado; si publicas sin confirmar lo que has oído en una conversación ajena en un bar tienes muchos números de fastidiarla.

‘Spotlight’

La ‘periscopada’ de Piqué coincide en el tiempo con los Oscar a ‘Spotlight’, la película sobre el equipo de investigación de ‘The Boston Globe’ que sacó a la luz el escándalo de pederastia de la Iglesia católica en Boston. Los periodistas en el fondo somos unos románticos (o sólo sabemos hacer una cosa, periodismo), y en la crisis de múltiples facetas en la que estamos sumidos al final siempre aportamos la misma receta: hace falta más periodismo (y menos Periscope, decimos, si hablamos de Piqué). Será el buen periodismo el que nos salvará de la crisis de modelo de negocio, y será el buen periodismo el que tarde o temprano se verá recompensado por la sociedad. Con ‘Spotlight’ hemos insuflado nuevo vigor al argumento. “¿Veis? Eses es el camino”. Lástima que ‘The Boston Globe’ sea, con su traumática y ruinosa salida del conglomerado de ‘The New York Times’ y decenas de despidos (los últimos, en el 2015), un perfecto ejemplo de cómo la crisis periodística se cebó (aún se ceba) en algunas de las grandes cabeceras estadounidenses.

Este gran periodismo no es sólo cosa de Estados Unidos. Desde hace varias semanas, El Periódico de Catalunya (el diario en el que trabajo) está dando un recital periodístico con su investigación sobre los casos de pederastia en los Maristas de Catalunya. Lo sé, lo sé: la teoría es que hablando del Periscope de Piqué atraes los clicks necesarios para asegurar la rentabilidad que permite denunciar a los pederastas. Ojalá sea cierto. Pero uno no puede evitar preguntarse qué sucedería si dejáramos la comunicación en manos de Periscope y los periodistas nos dedicáramos a hacer periodismo.

Tal vez los medio se arruinarían (más). Tal vez, al fin y al cabo no dejo de ser periodista y por mucho que la realidad me demuestra lo contrario desde hace años, estoy incapacitado para aceptar que no hay vínculo entre la calidad del periodismo que hacemos y la rentabilidad de nuestros medios. Ese es el gran trauma que como profesión aún no hemos aceptado.

Porque de modelos de negocio no sabré, pero de una cosa sí estoy seguro: los pederastas no usan Periscope. Para denunciarlos, hay que salir ahí fuera y currártelo.

@jcbayle

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