(Des)Israelizar Europa

Hay que israelizar Europa para convivir con el terrorismo, leo después de los atentados de Bruselas. La idea no es nueva. Quienes la propugnan  se refieren a que, bajo la amenaza del terrorismo, las sociedades europeas deben fijarse (y copiar) el modelo de seguridad de Israel. Europa mira a Israel para rediseñar la seguridad de sus aeropuertos, leo en noticias que abundan en uno (otro) de los mitos que con tesón Israel ha ido construyendo a lo largo de los años: su innegociable dedicación a la autodefensa, su indiscutible eficacia a la hora de combatir a quienes osan atacarle, su condición de fiero David rodeado de Goliats que amenazan su misma existencia, su tenacidad en golpear fuerte a sus enemigos, desde Adolf Eichmann al palestino al que un soldado remató en el suelo de un tiro en la cabeza la semana pasada en Hebrón. Leo, digo, este clamor por israelizar Europa y coincide con que voy al aeropuerto de El Prat, y en el mostrador de facturación de El Al presencio los interrogatorios a los viajeros, los registros, cómo “en busca de explosivos” unos agentes israelíes que no responden ante las autoridades españolas registran la mochila de una niña de 5 años de la que surge la cabeza de un osito de peluche. Nada de otro mundo, es lo habitual si vuelas a Tel-Aviv con una compañía aérea israelí desde cualquier parte del mundo. Leo, veo y escucho a quienes en las tertulias propugnan esta Israelización sin más bagaje ni conocimiento ni experiencia que haber visto en la tele con cortes publicitarios ‘Munich’ de Steven Spielberg y pienso en un buen amigo y gran periodista que con su sorna tan gallega solía decir: “Es falso que El Al sea la aerolínea más segura del mundo. Si acaso lo será, qué se yo, Varig, porque nadie tiene ningún interés en hacer estallar uno de sus aviones”.

Su reputación de gran eficacia en asuntos de seguridad da a Israel réditos políticos y económicos. Los políticos son evidentes: afianza la idea de que el “conflicto“ con los palestinos en un asunto de terrorismo y no la resistencia armada del ocupado contra el ocupante. Según este discurso, un ataque con cuchillos en el Hebrón ocupado es lo mismo que los atentados en Bruselas. Los palestinos son lo mismo que Daesh o Al Qaeda. La autoridad en seguridad le da autoridad política a la ocupación y cimenta la idea de que hay un ‘nosotros’ (Occidente atacado por islamistas, del que Israel es la vanguardia geográfica y política) y un ‘ellos’ (árabes, musulmanes, palestinos, persas, islamistas… ese totum revolutum). Es por ello que el Estado de Israel promueve acuerdos con los gobiernos de medio mundo para que policías de todo tipo y condición vayan a entrenarse a Israel con los métodos que las fuerzas de seguridad hebreas usan para reprimir la resistencia palestina. Las policías españolas, desde las estatales hasta las autonómicas, son ejemplo de ello. Hay otros países que reprimen con idéntica eficacia (Arabia Saudí, por ejemplo) pero ningún país occidental enviará a su policía a entrenarse con ellos. No es, por tanto, cuestión de eficacia, sino de identidad, de ellos y de nosotros. Y a través de la seguridad, Israel se convierte en uno de nosotros.

El negocio de bombardear Gaza

Hablemos de economía. La guerra de Gaza (500 niños muertos en 50 días por bombardeos, diez al día de media) fue muchas cosas. Entre ellas, un negocio. Gracias al impagable márketing que proporciona el mito de la eficacia israelí en asuntos de seguridad, las empresas de armamento del Estado hebreo probaron nuevos armamentos en Gaza que después vendieron con el sello de calidad que da haber sido probados en combate por Israel. ‘Tested in combat’. Israel no suele esconderse, y sus mandatarios y hombres de negocio hablan sin tapujos de que los territorios ocupados son “un laboratorio de medios de combate y de nuevas tecnologías de la defensa”. Lo más de lo más si eres un policía o un militar es entrenarse en Israel y usar armas israelíes. No estamos hablando sólo del ámbito militar, ni mucho menos. Israel exporta con gran éxito armas y tácticas de represión policial probadas en la ocupación.

Es lo que se llama armas de control de multitudes (crowd-control weapons, CCWs, en inglés). En un informe titulado ‘Lethal in disguise’ de este mes de marzo, la ONG Physicians for Human Rights denuncia que ante el aumento durante los últimos años en todo el mundo de las manifestaciones a causa de los estragos de la crisis económica, las fuerzas de seguridad han recurrido a un “uso inapropiado y desproporcionado de la fuerza” a través de la “proliferización de CCWs”. Es la militarización de la policía que en Estados Unidos ha supuesto numerosas muertes, sobre todo en disturbios de la población negra. Movimientos como Black Lives Matters denuncian esta tendencia en seguridad en todo el mundo, de la que Israel es uno de sus principales motores, tanto con tácticas como con armas. No extraña que Black Lives Matters se haya hermanado con la causa palestina: luchan, literalmente, contra lo mismo.

Una pistola en la mochila

Todo esto está muy bien, leo y oigo, pero el yihadismo nos ha declarado la guerra, y necesitamos defendernos y garantizar la seguridad y en eso, nos gusten o no sus métodos, Israel es el mejor. Yo los oigo y pienso en Benjamin Lehman. Este señor, un colono que vivía en Cisjordania, se plantó en junio del 2004 (tres años después del 11-S, en plena guerra de Irak, tres meses después del 11-M en España, en plena histeria) en el aeropuerto de Heathrow con una pistola cargada en su mochila con la intención de volar a Estados Unidos para asistir a una boda. Llevaba tres días en Londres, a donde había llegado desde Tel-Aviv. En el aeropuerto de Ben Gurion, había pasado todos los sacrosantos controles de seguridad (esos que hicieron echar pestes a Manu Leguineche) sin que nadie detectara la pistola. Lehman fue juzgado, y entre otras cosas dijo que había sido un olvido y que todo el mundo debía entender que en Israel se veía obligado a llevar armas para defenderse de los terroristas. El argumento le funcionó, por supuesto. No hace falta que diga qué le hubiese sucedido a un palestino de Hebrón que se hubiera presentado en Heathrow con una pistola cargada con el argumento de que en su ciudad debía llevarla para defenderse de colonos como Lehman. Por supuesto, este palestino (en caso de que tuviera permisos para abandonar Hebrón, cosa dudosa) jamás hubiese pasado el primer control del aeropuerto de Ben Gurion. Porque la seguridad allí, la famosa y glorificada seguridad, se basa en registrar e interrogar al diferente, a ellos (y eso incluye a cualquier no israelí) para que nosotros (los israelíes) estén tranquilos (ese registro a la mochila de una niña de 5 años de la que surgía la cabecita de un osito de peluche en El Prat). En términos de aeropuertos, esa es la israelización por la que tantos claman ahora.

¿Eficacia?

Luego está lo de la eficacia en la lucha contra el terrorismo. Lo escribí poco después de lo de Bruselas en las redes sociales y a los simpáticos amigos de la Hasbara (algún día habrá que escribir de ellos) no les gustó nada, lo cual me parece incomprensible: Israel es un fracaso en lo que la lucha contra el terrorismo se refiere, algo que no digo yo, sino el mismo Estado hebreo. La versión oficial es que Israel debe ser inflexible con su seguridad porque lleva luchando contra el terrorismo árabe y musulmán desde su fundación, si no antes. Es decir, desde 1948. Según el propio ministerio de Exteriores de Israel, hoy, ahora, Israel sufre “una oleada de terrorismo” en forma de apuñalamientos, tiroteos y atropellos que desde octubre del 2015 se ha cobrado la vida de 34 israelíes. Es decir, en 68 años, y según el discurso oficial israelí, el Estado hebreo no ha podido derrotar a los terroristas palestinos. Israel, según su Estado y el discurso oficial, hoy, ahora, se encuentra luchando por su supervivencia contra el terrorismo… 68 años después de su fundación. No hay otro país en el mundo que, según el criterio y las estadísticas de su propio Estado, sufra tantos atentados terroristas como Israel ni durante tantos años. No parece, pues, que sus métodos sean el ejemplo a seguir, porque no hay forma de que logre la ansiada victoria contra el terror. Y si contra el propio criterio de Israel decretamos al Estado hebreo como vencedor sobre el terrorismo, entonces ¿qué es lo que sucede ahora? ¿Tal vez resistencia contra la ocupación?

De hecho, no creo que haya que israelizar Europa, sino más bien lo contrario. El mundo lleva un proceso acelerado de israelización al menos desde el 11-S. Tras los atentados en las Torres Gemelas, son métodos y estrategias ‘israelíes’ (lo que algunos llaman sin complejos) las que se han puesto en práctica: las guerras de Irak y Afganistán, las patriot act, la seguridad por encima de las libertades, el espionaje masivo a unos ciudadanos considerados como masa y sospechosos hasta que se demuestre lo contrario, Guantánamo, el marasmo sirio… Son estas políticas las que nos han llevado a donde estamos.

Igual lo que hay que hacer es des-Israelizar Europa. A mí, cuando vuelo, no me da más seguridad que se registre una mochila de una niña de cinco años de la que surge la cabecita de un osito de peluche.

@jcbayle

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7 pensamientos en “(Des)Israelizar Europa

  1. Reblogueó esto en Palestina en el corazóny comentado:
    Joan Cañete Bayle, certero y lúcido como siempre:

    “La autoridad en seguridad le da autoridad política a la ocupación y cimenta la idea de que hay un ‘nosotros’ (Occidente atacado por islamistas, del que Israel es la vanguardia geográfica y política) y un ‘ellos’ (árabes, musulmanes, palestinos, persas, islamistas… ese totum revolutum). Es por ello que el Estado de Israel promueve acuerdos con los gobiernos de medio mundo para que policías de todo tipo y condición vayan a entrenarse a Israel con los métodos que las fuerzas de seguridad hebreas usan para reprimir la resistencia palestina. Las policías españolas, desde las estatales hasta las autonómicas, son ejemplo de ello. Hay otros países que reprimen con idéntica eficacia (Arabia Saudí, por ejemplo) pero ningún país occidental enviará a su policía a entrenarse con ellos. No es, por tanto, cuestión de eficacia, sino de identidad, de ellos y de nosotros. Y a través de la seguridad, Israel se convierte en uno de nosotros.”

    Tomado de su blog “Décima Avenida 2.0”.

  2. Es correcto este análisis, pues cómo se podría evaluar un sistema que no cambia a pesar de la gran inversión en armas a lo largo de un siglo? Sabemos que la guerra comenzó mucho antes, oficialmente comenzó en 1948. Y vemos que están como en el comienzo: primero victimas de las piedras y ahora de los cuchillos manejados por adolescentes y niñas. Hasta dá verguenza la falta de lógica del estado Israel.

  3. Hola, Joan. Coincido completamente en lo que dices en esta entrada. En lo más concreto, en tus comentarios sobre Israel, y también, más genéricamente, en los peligros de ciertas “patologías de la seguridad”. De hecho, hago algunos comentarios coincidentes con los tuyos (y, casualmente, mencionando el ejemplo de Israel) en una entrada que he publicado recientemente en mi blog, a propósito de los últimos atentados de Bruselas. La entrada se titula “En defensa de los belgas” y, si tienes interés, la puedes leer aquí: https://jrodriguezalcazar.wordpress.com/2016/03/25/en-defensa-de-los-belgas/. Enhorabuena y un saludo.

    • Hola Javier. Gracias por tu comentario. He leído tu entrada y me parece muy buena, estoy muy de acuerdo contigo. La seguridad como mecanismo de control es muy importante. Mientras te registran la mochila en cada autobús o, como en el caso de Israel, ves cómo registran la mochila a ellos para defenderte a ti (nosotros) no piensas en por qué es necesario todo esto para subir en un avión de El Al y, siguiendo el ejemplo de mi amigo periodista, no hace falta para hacerlo en uno de Varig. Gracias por tu comentario y enhorabuena por tu blog.

  4. Pingback: Dé-israéliser l’Europe – La Voix De La Libye

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