El elefante y la cola del ratón

En plena segunda Intifada, el embajador de España en Tel-Aviv invitó a los corresponsales de la prensa española a comer en su residencia. El diplomático acababa de llegar, y una invitación de este tipo es un formalismo habitual. Avanzada la comida, los periodistas nos enfrascamos en una discusión sobre si el muro que entonces Israel construía en Cisjordania debía llamarse muro o valla. A lo largo de su trazado, la barrera combina trayectos en los que toma la forma de un gran muro de ocho metros de alto (más alto de lo que fue el muro de Berlín) y otros en los que es una gran valla electrificada con una amplia zona de seguridad a ambos lados. Llamar muro a la barrera, que es como la llaman los palestinos, supone considerarla ilegal y criticar su construcción del lado palestino de la Línea Verde, la expropiación de tierras palestinas que acarreó y los movimientos estratégicos unilaterales en términos de fronteras y asentamientos que implica. Llamarla valla, que es como la califica Israel, equivale a justificar su construcción por motivos de seguridad y dotarla por tanto de legitimidad e incluso de legalidad bajo el argumento de la defensa propia. En esa comida, los corresponsales españoles coincidimos en llamar muro a la barrera. Los corresponsales israelíes castellanoparlantes, muchos de origen latinoamericano, formaban el bando de la valla. La conversación, una discusión en realidad, fue poco edificante, el embajador nos observaba estupefacto.

En ninguna parte las palabras son inocentes, implican una elección, una mirada, un hecho que se exacerba allí donde hay conflictos enconados, como es el caso de Israel y los territorios palestinos ocupados. Allí, las palabras no tienen por qué significar lo mismo para todo el mundo, muchas palabras están desnaturalizadas y no significan lo que dice el diccionario sino otra cosa, en ocasiones algo diametralmente opuesto. Las palabras allí son armas arrojadizas y coartada, trinchera y también maquillaje de una realidad muy fea. Paz es un ejemplo perfecto. En el 2013, el International Press Institute (IPI) publicó en su web Use With Care: A Reporter’s Glossary of Loaded Language in the Israeli-Palestinian Conflict, un voluntarioso intento de elaborar un glosario imparcial del conflicto para corresponsales elaborado por seis periodistas israelíes y palestinos cuyos nombres se mantuvieron en el anonimato. En su introducción, los editores del International Press Institute escribían: “Las palabras son más de lo que parecen; pueden poseer más de un significado o tener una connotación escondida, la cual puede cambiar a lo largo del tiempo y por las circunstancias (…) Para nuestro propósito, es necesario examinar el significado de una palabra o una expresión en el contexto del conflicto, donde puede tener diferentes connotaciones y significados dependiendo de a quién se pregunta (…). Palabras que son consideradas una incitación a la violencia en Israel serían consideradas patrióticas en el lado palestino, y viceversa. Como suele ser el caso en regiones activamente conflictivas, el terrorista de una sociedad es el luchador por la libertad de la otra”.

Ni muro ni valla, barrera

Sobre la discusión entre muro y valla que mantuvimos los corresponsales de la prensa española en la residencia de aquel embajador español recién llegado a Tel-Aviv, el glosario del International Press Institute dice:

“Los términos muro de de seguridad o valla de seguridad se refieren a la barrera física que Israel comenzó a construir durante la segunda Intifada, en lo que dijo que era un respuesta a los atentados suicidas. Gran parte de la barrera consiste en una valla rodeada por una amplia zona de exclusión, mientras que, oficialmente, un 10% diez consiste en un muro de hormigón de ocho metros de alto. En la defensa de su construcción, Israel señala que el número de ataques violentos contra la población civil se ha reducido en gran medida desde la construcción del muro. Por tanto, los nombres que usa Israel incluyen Muro de Seguridad y Valla de Seguridad.

Hay una visión palestina que encuentra estos términos ofensivos porque dan a entender que todos los palestinos en Cisjordania son una fuente potencial de suicidas o de otros ataques violentos. En su opinión, la barrera evita la libertad de movimiento,  ya que se aparta de la Línea Verde para abarcar una serie de asentamientos, por lo que se anexiona efectivamente zonas palestinas en Israel, significados que no creen que se transmiten con los términos muro de seguridad y valla de seguridad. Por lo tanto, hay palestinos y medios de comunicación palestinos que hablan de Muro de Anexión, Muro de Segregación o incluso Muro del Apartheid.

Por otro lado, hay israelíes que encuentran estos términos ofensivos, primero debido a la comparación de las políticas de segregación racista de Sudáfrica antes de 1994, y también porque implican que la motivación para la construcción de la barrera era territorial, racial y étnica en lugar de una legítima preocupación de seguridad ante los atentados suicidas”.

Ante la enorme susceptibilidad que genera el tema, el periodista debe usar un término imparcial que no levante protestas en ninguna de las dos partes del conflicto, argumenta el International Press Institute, que recomienda el uso del término barrera de separación. La imparcialidad, sin duda, es uno de los objetivos supremos del periodista, del periodismo. La RAE define imparcialidad como “Falta de designio anticipado o prevención a favor o en contra de alguien o algo, que permite juzgar o proceder con rectitud”. El periodista suele llegar a Jerusalén con la noble intención de ser imparcial en un conflicto que, visto desde fuera, se le antoja endemoniado, irresoluble, complicadísimo, repleto de trampas que tienen como objetivo engañarlo, contaminarlo, deslizarlo por la senda de la parcialidad, obligarlo a tomar partido, traicionando así los principios de su profesión. Un conflicto en el que dos pueblos que tienen el mismo derecho sobre la misma tierra no se ponen de acuerdo para lograr la paz y se hacen daño el uno al otro por igual. Un conflicto sobre el cual hay que informar con imparcialidad, ecuanimidad (“Imparcialidad de juicio”) y manteniéndose neutral (“Que no participa de ninguna de las opciones del conflicto”). Porque es fiel a estos objetivos, en nombre de esta imparcialidad, ecuanimidad y neutralidad el International  Press Institute propone el término barrera de separación. Desde este punto de vista, el hecho de que una parte del conflicto hable de valla de Seguridad y la otra, de muro del Apartheid refuerza la creencia de que barrera de separación es la elección correcta; que los dos bandos no estén de acuerdo, que el periodista irrite por igual a ambos contendientes es la mejor indicación de que el corresponsal va por el buen camino de la imparcialidad, la ecuanimidad y la neutralidad.

Ir y ver

Llevado a la esencia, el oficio de periodista suele resumirse en: Ir, Ver y, después, Explicar. Yo lo amplío a Ir, Ver, Leer, Entender, Preguntar, Escuchar,  Informarse y Formarse para, después, Explicar. En el caso de lo que el International  Press Institute propone llamar Barrera de Separación, Ir implica recorrer el trazado. Ver supone comprobar por dónde va el trazado. Preguntar es inquirir por qué el trazado es ese y no otro, y qué efectos tiene. Escuchar es atender a lo que los afectados por el trazado y sus responsables tienen que decir. Entender es comprender por qué y qué efectos tiene que el trazado sea ese y no otro. Formarse es conocer la historia de la frontera entre Israel y Cisjordania, la Línea Verde, y qué dice la legalidad internacional al respecto. Informarse es saber qué argumentos usan quienes defienden el muro y quienes lo atacan.

En el caso de la Barrera de Separación, si el periodista iba, veía, leía, entendía, preguntaba, escuchaba, se informaba y se formaba, averiguaba que el trazado se adentra en el lado palestino de la Línea Verde, que la barrera de separación lo que separa sobre todo es palestinos de palestinos, y no palestinos de israelíes que, en principio, debería ser la forma de evitar la entrada de palestinos en territorio israelí y evitar así atentados suicidas; sabía que a causa del trazado por territorio ocupado se generaron graves perjuicios económicos y de toda índole en civiles palestinos, que perdieron tierras, casas y vieron gravemente afectada su capacidad de movimiento; que el trazado incluía dentro del lado israelí del muro a asentamientos de Cisjordania, que son ilegales según el derecho internacional; que la construcción del muro marcaba de facto una frontera entre Israel y Cisjordania de forma unilateral que incluía dentro de Israel a las colonias levantadas en territorio ocupado; que para garantizar el acceso desde Israel a los asentamientos situados en el lado palestino del muro se estableció un sistema de carreteras y transporte prohibido a los palestinos, sólo para israelíes, lo cual es discriminatorio ya que segrega a la población; que en Jerusalén, el muro separa barrios árabes de la ciudad de otros barrios árabes, lo cual, acompañado por un sistema burocrático de permisos, implica un transfer de población ya que miles de personas se vieron de repente, sin haberse movido, fuera de los límites de Jerusalén y por tanto dejaron de ser jerosolimitanos, lo cual es ilegal según la legislación internacional y vulnera los derechos de gente arraigada a la ciudad durante generaciones; que si el muro se hubiese construido del lado israelí de la Línea Verde, separando palestinos de israelíes, nada de los efectos reseñados hubieran sucedido e igualmente la barrera se interpondría entre los centros de población en Israel y los palestinos que tuvieran intención de cometer atentados.

Si el periodista iba, veía, leía, entendía, preguntaba, escuchaba, se informaba y se formaba averiguaba también que en el 2003 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución, que Estados Unidos vetó, en la que se declaraba la barrera ilegal allí donde se desviaba de la Línea Verde, que es prácticamente todo su trazado. En el texto, se utilizaba la palabra muro. En el 2004, la Corte Internacional de Justicia emitió una opinión consultiva a instancias de la Asamblea General de la ONU en la que declaraba al muro ilegal y contrario a la Cuarta Convención de Ginebra. En la página 32 de su opinión consultiva (que puede consultarse en la web del tribunal, http://www.icj-cij.org/) los jueces escribieron: “El muro en cuestión es una compleja construcción, así que el término [muro] no puede ser entendido en un sentido simplemente físico. Sin embargo, los otros términos usados, ya sea por Israel (“valla”) o por el Secretario General [de la ONU] (”barrera”) no son más precisos si se entienden en el sentido físico. En esta Opinión, la Corte ha elegido usar la terminología empleada por la Asamblea General”. Es decir, muro.

Falsa neutralidad

Si de lo que hablamos es de imparcialidad (“Falta de designio anticipado o prevención a favor o en contra de alguien o algo, que permite juzgar o proceder con rectitud”), ecuanimidad (“Imparcialidad de juicio”) y de mantenerse neutral (“Que no participa de ninguna de las opciones del conflicto”),  al muro, periodísticamente hablando, sólo se le puede llamar muro. Llamarlo valla es parcial y no es ecuánime ni neutral, puesto que supone asumir la posición de una de las partes, en este caso, Israel. Llamarlo barrera de separación es asumir una imparcialidad, ecuanimidad y neutralidad falsas, puesto que es usar el sinónimo, un eufemismo en realidad, para evitar llamarlo por su nombre. Es también, por tanto, una rendición de la profesión del periodista, cuyo objetivo no es satisfacer o irritar por igual a las dos partes de un conflicto, sino informar a la opinión pública de lo que sucede en ese conflicto, quién agrede a quién, quién es el fuerte, quién es el débil, cuáles son las razones del conflicto y diferenciarlas de las razones de los contendientes. Llamarlo muro es el resultado de Ir, Ver, Leer, Entender, Preguntar, Escuchar,  Informarse y Formarse para, después, Explicar. El problema, al menos para el International Press Institute, es que así es también como lo llaman los palestinos.

De hecho, es una constante de este conflicto que las palabras que usan los palestinos suelen ser las correctas para describir lo que sucede. Dado que Israel usa otras palabras con las que diseña su propia realidad (hay centenares de ejemplos, desde “asesinatos selectivos” para referirse a los bombardeos de objetivos políticos o militares en zonas pobladas hasta “los barrios del este de Jerusalén” para hablar de los asentamientos levantados en la zona árabe de la ciudad y, por tanto, en territorio ocupado), utilizar las palabras correctas convierte a quien lo hace en “propalestino”, que es la etiqueta de la que el International Press Institute quiere huir, aunque sea a costa de traicionar los principios del oficio de periodista que dice defender. La dinámica es muy simple y muy eficaz. Si Israel llama a los asentamientos de Jerusalén barrios, y los palestinos los llaman asentamientos ilegales en territorio ocupado de Jerusalén, la lógica de la imparcialidad, ecuanimidad y neutralidad falsas convierte a estas dos expresiones en las dos radicalidades del conflicto.  Urge, por tanto, encontrar un punto medio no contaminado ni por unos ni por los otros, otra manera de referirse a los asentamientos ilegales en territorio ocupado de Jerusalén que no sea los asentamientos ilegales en territorio ocupado de Jerusalén. Por ejemplo, centros de población israelí en Jerusalén Este. O los límites orientales del Gran Jerusalén. Que en realidad sean asentamientos ilegales en territorio ocupado de Jerusalén no importa, lo importante no es que el periodista use las palabras precisas para informar de manera correcta, sino que use las palabras que satisfagan o molesten por igual a las dos partes del conflicto. La dinámica es tan perversa que llega al punto de que Israel y muchos falsos imparciales consideran propalestino a quien usa palabras como derechos humanos o legalidad internacional y acusan de parcialidad a los periodistas que declaran que su trabajo, su mirada, en Israel y los territorios ocupados palestinos se enmarca dentro de los derechos humanos y la legalidad internacional. De hecho, llamar muro al muro es, a juicio de Israel  y de quienes caen en la falsa imparcialidad, propalestino, lo cual convierte a la Corte Internacional de Justicia en propalestina y, por extensión, a la ONU. No debería resultar extraño, ya que menospreciar el sistema de gobernanza mundial representado por la ONU, tildarlo de parcial, anti-israelí, propalestino o directamente antisemita es un clásico de la política exterior de Israel. Las palabras, tanto cuando se usan de forma correcta como cuando se hace de forma torticera, nunca son inocentes, sino que obedecen a una lógica, a una mirada, a un discurso, a una ideología.

Periodismo con adjetivos

Hace tiempo que el periodismo sucumbió y se dejó etiquetar: periodismo comprometido, periodismo humano, periodismo crítico… Aceptar adjetivos de este tipo supone al mismo tiempo una redundancia y una rendición, ya que en la palabra periodismo ya se incluyen estas ideas. Etiquetar el periodismo implica que el periodismo a secas se queda en manos de quienes no son críticos o humanos. Implica, por tanto, una rendición. Llamar muro al muro no es un ejercicio de propalestinismo, como tampoco lo es de periodismo comprometido con ninguna causa, o de periodismo humano, o de periodismo crítico. Es el resultado de Ir, Ver, Leer, Entender, Preguntar, Escuchar,  Informarse y Formarse. Llamar valla al muro no es periodismo, es otra cosa. Llamar barrera de separación al muro, o usar fórmulas como “lo que los palestinos llaman muro y lo que los israelíes llaman vallatambién es otra cosa. A mí no me gusta entregar a esa otra cosa el sustantivo periodismo y quedarme yo con los adjetivos.

Hay una famosa cita de Desmond Tutu, repetida hasta la saciedad, que dice: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. Es menos conocido cómo sigue la frase: “Si un elefante tiene su pata encima de la cola del ratón y tú dices que eres neutral, el ratón no apreciará tu neutralidad”. Como periodista, que el ratón aprecie o no lo que diga no creo que importe demasiado; lo que sí importa es denunciar con todas las palabras adecuadas que el elefante tiene la pata encima de la cola del ratón, esa es la función, la razón de ser y la naturaleza misma del periodismo a secas.

@jcbayle

 

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