Un mundo de hombres

Esto sólo puede ocurrir en un mundo de hombres.  “Beatriz, de 22 años y aquejada de esa enfermedad autoinmune llamada lupus, está embarazada, ya de seis meses, de un feto anencefálico, sin parte de cerebro y cráneo, condenado a morir después del parto. Los médicos señalaron que, de proseguir su gestación, la propia Beatriz iba camino de una insuficiencia renal, una hemorragia, una muy severa hipertensión, una eclampsia y la muerte.” “Deberían interrumpir mi embarazo: por salvar mi vida”, imploró Beatriz a la sala de lo Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de El Salvador, que falló lo siguiente: “Los derechos de la madre no pueden privilegiarse sobre los del ‘nascituro’ (el que va a nacer); existe un impedimento absoluto para autorizar la práctica de un aborto”. Condenada, pues, a parir, lo que en el caso de Beatriz es condenada a morir. La solución que parece que se le va a dar es un parto sobrevenido, inducido, con cesárea, lo antes posible. El feto morirá; y ella, a lo mejor, vivirá. Pero no habrá sido un aborto, sino un parto. Con cesárea. Gloria al ‘nascituro’. Mierda para todos los demás. Y dolor y muerte para Beatriz. Sigue leyendo

Un (brevísimo) post sobre Chávez

Hace días que quiero escribir un post sobre la muerte de Hugo Chávez pero, para ser sincero, me siento abrumado y por eso lo he ido dejando: se han escrito tantos posts, tantos artículos, tantas crónicas, tantos tuits, tantos comentarios de facebook, tantos me gusta, tanto le odio, tanto te echaremos de menos, tantos demasiado has durado que no sé por dónde empezar, la verdad. Sigue leyendo

El futuro ya está aquí

Hay básicamente tres formas de ver el contencioso que se presume (aún no oficializado) por la intención del Gobierno argentino de expropiar gran parte de la participación de la multinacional Repsol en la petrolífera YPF. Una es una viñeta publicada en Página 12 que ilustra el post (gracias, Sandra), resumida en una postura de petronacionalismo: los recursos naturales de un país pertenecen a ese país, una apuesta por la “soberanía energética” después de haber hecho ondear la bandera de la “soberanía territorial” de las Malvinas. La otra forma de verlo es hablar de petropopulismo boliviariano en Argentina, que un país serio no promueve la inseguridad jurídica de las empresas extranjeras radicadas en su suelo, no vulnera el derecho internacional, no le hace esto a sus socios. Hay, decía, una tercera opción: lo que le faltaba a España, justo ahora la Kichner sale con esto. Y surge el nacionalismo a la inversa: atacar Repsol es atacar a España, por principios pero también por intereses en una hora de máxima necesidad como la actual, en la que si hay algo que funciona en la economía española son las exportaciones y las multinacionales con intereses en el extranjero. Sigue leyendo