Entre el yihadismo y los ultras

Ojalá fuera tan sencillo, evitar atentados terroristas como el de Londres, la muerte intolerable e injustificable de inocentes: se prohíbe viajar a los musulmanes hasta Occidente con iPad y ordenadores portátiles y ya está. Ya puestos, y sin ánimo de dar ideas, se puede prohibir a los musulmanes directamente viajar a Occidente. Ojalá fuera tan fácil, ojalá bastara con levantar muros, no solo en las fronteras exteriores (lo del iPad y los aviones no es nada comparado con los campos en Grecia, las vallas en Turquía, la muerte en el Mediterráneo), sino en las interiores: muros que separen entre sí calles de Londres, alambradas entre las ‘banlieue’ y el centro de París, concertinas en las empresas alrededor de las trabajadoras con hiyab. Ojalá fuera tan fácil, bombardear algún desierto remoto en un Estado fallido, abrir uno, dos, tres ,muchos Guantánamos, los que hagan falta, pisotear la carta de derechos humanos de la ONU, deportar a musulmanes a decenas de miles. Dónde hay que firmar, igualmente habríamos tirado por la ventana los principios, nos habríamos vendido el alma, hubiésemos sucumbido al terror, nos habríamos convertido (de nuevo) en aquello que juramos que no volvería a suceder, pero al menos estaríamos seguros, ¿no? ?¿No? ¿No? Sigue leyendo

La llave en Barcelona, la cerradura en Madrid

Si yo fuera un corresponsal extranjero en España y tuviera que explicar la situación política de la forma con la que la explican los corresponsales, intentando encontrar la esencia, tal vez diría que hay muchas formas de mirar las consecuencias en Catalunya de cinco años de ‘procés’ (2011-2016), datado de diada a diada. Una de ellas es que ha dinamitado el mapa político catalán. La cartografía del 2011 la formaban CiU, ERC, PSC, PP, ICV y C’s. La del 2016 es consecuencia de dos tendencias: rupturas y coaliciones. Se rompieron el PSC i CiU, decidió diluirse ICV en el campo de los Comunes, se coaligaron (al menos por ahora) lo que queda de CDC y ERC y apareció la CUP (en términos institucionales, en la calle lleva décadas presente). Dos conclusiones pueden extraerse. Sigue leyendo

(Des)Israelizar Europa

Hay que israelizar Europa para convivir con el terrorismo, leo después de los atentados de Bruselas. La idea no es nueva. Quienes la propugnan  se refieren a que, bajo la amenaza del terrorismo, las sociedades europeas deben fijarse (y copiar) el modelo de seguridad de Israel. Europa mira a Israel para rediseñar la seguridad de sus aeropuertos, leo en noticias que abundan en uno (otro) de los mitos que con tesón Israel ha ido construyendo a lo largo de los años: su innegociable dedicación a la autodefensa, su indiscutible eficacia a la hora de combatir a quienes osan atacarle, su condición de fiero David rodeado de Goliats que amenazan su misma existencia, su tenacidad en golpear fuerte a sus enemigos, desde Adolf Eichmann al palestino al que un soldado remató en el suelo de un tiro en la cabeza la semana pasada en Hebrón. Leo, digo, este clamor por israelizar Europa y coincide con que voy al aeropuerto de El Prat, y en el mostrador de facturación de El Al presencio los interrogatorios a los viajeros, los registros, cómo “en busca de explosivos” unos agentes israelíes que no responden ante las autoridades españolas registran la mochila de una niña de 5 años de la que surge la cabeza de un osito de peluche. Nada de otro mundo, es lo habitual si vuelas a Tel-Aviv con una compañía aérea israelí desde cualquier parte del mundo. Leo, veo y escucho a quienes en las tertulias propugnan esta Israelización sin más bagaje ni conocimiento ni experiencia que haber visto en la tele con cortes publicitarios ‘Munich’ de Steven Spielberg y pienso en un buen amigo y gran periodista que con su sorna tan gallega solía decir: “Es falso que El Al sea la aerolínea más segura del mundo. Si acaso lo será, qué se yo, Varig, porque nadie tiene ningún interés en hacer estallar uno de sus aviones”. Sigue leyendo

Diez a uno

Diez a uno. Esa es la ya famosa equivalencia que, según desveló la diputada Anna Gabriel, alguien del equipo negociador de Junts pel Sí les transmitió al equipo negociador de la CUP durante el largo proceso de diálogo que ha acabado con Artur Mas fuera de la Generalitat y con Carles Puigdemont como presidente. “La cabeza de un israelí vale más que la de 10 palestinos”, les dijeron, en una comparación en la que el israelí es Artur Mas y los palestinos, los diez diputados cuperos. Sigue leyendo

Emojis y refugiados

¡Qué barbaridad de emojis que hay en Facebook estos días! Es publicar un post exigiendo a las autoridades que pongan fin al sufrimiento de los refugiados sirios y llenarse tu muro de ‘Me Gusta’ de decenas de personas. Es escribir un post criticando el sensacionalismo de los medios por publicar la foto del pequeño Aylan muerto en la playa (acompañando el post con la foto, por supuesto, que las redes sociales no son un medio donde se publican cosas, sino donde se comparten) y cientos de amigos te aplauden y te dan la razón, todo por la audiencia, malditos medios, total, para qué queremos periodistas, todo el mundo sabe que si una fotógrafa profesional que trabaja para una agencia de noticias no hubiera ido a la playa a informar de lo sucedido (y a fotografiar el cadáver del pequeño Aylan), seguro, seguro, seguro que un muchacho con un móvil hubiera tomado igualmente la foto, ¿no? ¿No? ¿No? Y no la hubiera publicado en Facebook, sino que la hubiese compartido para denunciar tanta sinrazón, ¿verdad? ¿Verdad? ¿Verdad? Sin ánimo sensacionalista, por supuesto, nada más lejos que el sensacionalismo del ánimo, espíritu y letra de las redes sociales, ¿a que sí? ¿A que sí? ¿A que sí? Sigue leyendo

Felipe

Sobre la carta de Felipe González a los “ciudadanos de Cataluña para que no se dejen arrastrar a una aventura ilegal e irresponsable que pone en peligro la convivencia entre los catalanes y entre estos y los demás españoles”:

  1. Los problemas políticos, como el de Catalunya, no se solucionan en los tribunales, sino con política. Alguien que hizo la Transición debería saberlo, ya que se basó en obviar la justicia en nombre de la política (con consecuencias que vemos ahora en muchos ámbitos). Insistir como argumento definitivo en el debate en la “ilegalidad” de las aspiraciones políticas de miles de catalanes es echar de ese marco legal a ellos y a muchos otros que sin ser independentistas no entienden por qué el marco legal no permite dirimir este asunto en las urnas.

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El catalán cansado

Lo confieso: ser catalán me resulta muy cansado. Constantemente tienes que ir explicándote, decidiendo, etiquetándote. En ocasiones, en momentos de flaqueza, a uno casi le entran ganas de ser de Kansas o de Essex, de algún lugar donde no haya que dar explicaciones de lo que uno habla (si catalán, si español, si los dos) ni de lo que uno se siente (catalán, catalán/español, español/catalán, español, ninguna de estas opciones). En este sentido, Catalunya no es un lugar normal, sino ese sitio en que muchos hijos de la inmigración han sido considerados durante años españolistas en casa y catalanistas en el pueblo sin cambiar ni una coma de su discurso. Catalunya es ese lugar tan poco normal que cuando llegan unas elecciones planteadas como plebiscito sin ser un plebiscito y sin las normas electorales que la permitan ser un plebiscito con garantías no hay dos bloques (el sí y el no a la independencia), sino tres: el sí, el no y el ahora no toca, hay otras prioridades, bloque al que los del sí acusan de ser del no y los del no, de ser del sí. Un lugar tan raro que en unas elecciones en Barcelona celebradas tras cuatro años de proceso soberanista no ganó ni el sí ni el no, y en la que es elogiable que los ciudadanos voten por la independencia de Catalunya pero no si Barcelona se adhiere a la asociación de municipios por la independencia. Es tan peculiar Catalunya que el partido que ganó las últimas elecciones (europeas) ha renunciado a intentar ganar las autonómicas para pactar (y salvar) a su principal adversario, y que los dos partidos más importantes en el resto del Estado se van a convertir casi en residuales. Sigue leyendo