Saving Israel from Itself

The little dirty secret of the of the UN’s resolution on Israeli settlements is that It is useless, despite all the noise and the fury coming from the israeli prime minister office. The building of settlements and the transfer of population from the occupier country to the occupied land is illegal according to  international law, and all the resolution does is reminding that fact. When it  pledged to the Quartet’s road map (yes, It still exists!)   Israel committed itself to freeze the building of settlements on occupied Palestinian land, something that, of course, it did not happen and will not happen. Sigue leyendo

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‘Me Gusta’ Alepo

¿Puede haber desinformación por empacho? ¿Puede haber insensibilización por sobredosis de sensibilidad? ¿Vivimos tiempos de posverdad y de poshipocresía? “Llega a Alepo el primer camión de Me Gusta de Facebook“, reza el titular de una publicación satírica que ha hecho fortuna en las redes estos días. La insuperable paradoja es que muchos habremos hecho Me Gusta a esta información que critica los Me Gusta. Sigue leyendo

Trump, Israel, Palestina y el fatalismo ilustrado

La irrupción de Donald Trump en la escena política primero estadounidense y después mundial supone un reto para el periodismo, ya que en el presidente electo de Estados Unidos confluyen muchas corrientes que definen este oficio y su entramado ideológico y empresarial, desde el componente espectáculo de la información hasta la adaptación a nuevas formas de informar en la época de las redes sociales, pasando por dilemas como qué es más importante, la imparcialidad o denunciar a los mentirosos como lo que son: mentirosos. Dos de estas corrientes que confluyen en Trump son la reducción al individuo de complejas corrientes históricas y la querencia, casi avidez, por predecir lo que va a suceder antes de que ocurra, una suerte de complejo de Nostradamus.  Sigue leyendo

El cabreo universal

Todos los políticos son iguales. La culpa es de los burócratas de Bruselas. Washington is broken. No nos representan. No es una crisis, es el sistema. Yo no soy antisistema, el sistema es anti-yo. Son frases de uso recurrente en las conversaciones, ya convertidas en clichés, y eslóganes de manifestaciones de indignados. Cambian palabras y hay decenas de detalles propios de cada país, pero en esta cabreo universal hacia el orden establecido que recorre el mundo occidental, desde Europa del este hasta Estados Unidos, hay varias ideas que se repiten y un eje primordial, primario, que monopoliza la conversación: el eje ellos (los políticos, los bancos, los empresarios, los medios de comunicación tradicionales, el 1%, el establishment, en definitiva) y el nosotros (los ciudadanos, la gente, el 99%, las víctimas de una crisis que explotó con los hipotecas subprime en EEUU y se cebó con el sistema del Estado del bienestar en Europa y que es percibida como una estafa por los que se quedaron en la cuneta o por esa clase media a la que la gran depresión del siglo XXI ha empobrecido). Y a partir de este eje, un totum revolutum en el que conviven sinceros llamamientos a un cambio imprescindible y la barra libre para el populismo de todo pelaje.

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¿Y si Trump no gana?

Es la pregunta que provoca pesadillas desde que se empezó a intuir, en lo más crudo del invierno, que lo de Donald Trump era algo más que una broma pesada, la excentricidad de un magnate pasto de telerrealidad. ¿Y si Trump gana? Y, en efecto, ganó las primarias, se hizo con la candidatura del partido Republicano, nos lo encontramos en un duelo con Hillary Clinton. Y de nuevo, la pregunta fatal: ¿Y si Trump gana? Y cuando solo falta una semana para el primer martes después del primer lunes ahí sigue el magnate, a un paso del botón nuclear, a pesar de todo, y ese todo engloba racismo, ignorancia y acusaciones de acoso sexual. Como un malvado de peli de terror de los 80, nada puede con Trump. El último giro del guión que ha convertido estas elecciones en una de las de peor nivel de la historia de EEUU es la ¿inoportuna? carta del director del FBI que ha resucitado el escándalo de los correos electrónicos de la exsecretaria de Estado. Una sorpresa de octubre a las puertas de noviembre. “Por favor, que se acabe ya esto”, reclamaba en su show el cómico John Oliver. El problema es que el martes esto no habrá hecho más que empezar.

Este artículo se publicó en El Periódico de Catalunya el 1 de noviembre del 2016. Puedes leerlo entero aquí.

Árboles y ‘check points’

(Texto preparado para la charla ‘Del conflicto a la red de violencias’, en el marco de la exposición Jerusalem ID de Mapasonor + Domènec, en Mataró el 6 de octubre del 2016)

Hay en Jerusalén un entramado de cables en los postes de la luz, a simple vista como los de cualquier otra ciudad, pero en realidad muy diferentes. Este cable es muy similar al de la electricidad o al del teléfono, con la particularidad que de vez en cuando cuelga de él un trozo de tela rojo. Cuesta verlo, y si lo ves, cuesta identificarlo como lo que es, un muro invisible que separa espacios. Según establece la Torá, hay 39 categorías de actividades prohibidas durante el shabat. Una de ellas es transportar objetos o personas, da igual su tamaño o peso, de un lugar privado a uno público y viceversa. En puridad, pues, si uno cumple los preceptos del shabat no podría salir a la calle cargando nada, incluido, por ejemplo, bebés o ancianos hacia la sinagoga o el muro de las Lamentaciones. La solución que hallaron, hace siglos, los rabinos fue el Eruv: tiras un cable, delimitas un espacio y decretas que el lugar delimitado es espacio privado. Ya puedes llevar lo que quieras en ese espacio durante el shabat. No es ninguna tontería: hay Eruv en más de 150 ciudades del mundo, de Jerusalén a Nueva York, pasando por Los Ángeles. Sigue leyendo

Peres o la prueba del 9

Para un corresponsal en Jerusalén, Shimon Peres solía ser algo así como la prueba del 9 de si se entendían las dinámicas del denominado conflicto palestino-israelí. El corresponsal extranjero acostumbraba (acostumbra) a llegar a Jerusalén con una serie de ideas preconcebidas, las mismas que forman el ‘mainstream’ de lo que allí sucede.

Por ejemplo: que aquello es un conflicto endiablado entre dos pueblos que tienen el mismo derecho sobre la misma tierra; que el objetivo supremo a lograr es la paz; que para ello hay, desde la Conferencia de Madrid a principios de los 90, un proceso de paz frágil, precario, siempre amenazado pero con una sospechosa mala salud de hierro, ya que nadie lo da por muerto y de tanto en tanto alguien (un presidente estadounidense en la recta final de su mandato, un líder europeo, sobre todo francés, con ánimo de ‘grandeur’) intenta “relanzarlo”; que los “extremistas de ambos lados” amenazan y dañan el proceso de paz con la violencia; que los extremistas palestinos son muchos y variados, desde los “terroristas islamistas de Hamas” a la inoperante y colaboradora necesaria con la violencia Autoridad Nacional Palestina; que los extremistas israelíes son los llamados “halcones“, y que para desespero de todos sus tesis se imponen a las de las “palomas”; que las pocas veces que las “palomas” gobiernan en Israel se ven atrapadas entre estos dos extremismos porque, en realidad, no tienen “socios ” para la paz ni en su propio bando ni por supuesto en el de los palestinos; que el campeón de estas palomas, el hombre de paz por antonomasia, era Shimon Peres.

Este artículo de publicó en El Periódico el 28 de septiembre del 2016. Puedes leerlo entero aquí