Saving Israel from Itself

The little dirty secret of the of the UN’s resolution on Israeli settlements is that It is useless, despite all the noise and the fury coming from the israeli prime minister office. The building of settlements and the transfer of population from the occupier country to the occupied land is illegal according to  international law, and all the resolution does is reminding that fact. When it  pledged to the Quartet’s road map (yes, It still exists!)   Israel committed itself to freeze the building of settlements on occupied Palestinian land, something that, of course, it did not happen and will not happen. Sigue leyendo

Contra el olvido

(Texto preparado para la presentación del libro de Teresa Aranguren y Sandra Barrilaro ‘Contra el olvido, Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1889-1948’)

Resulta un ejercicio impactante observar con detenimiento las fotografías que conforman esta joya que es ‘Contra el olvido, Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1889-1948’. Es impactante porque muestra una vida, la palestina, que existía antes de la creación del Estado de Israel, a pesar de ese mito de la tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra, que siempre me ha parecido uno de los más crueles de los del sionismo y al mismo tiempo uno de los más clarificadores, ya que muestra en toda su crudeza la base colonialista y nacionalista extrema de esta ideología.

Viendo las fotos, por ejemplo, de la sesión de cine al aire libre en Halhul, o la del equipo de la Radiodifusión palestina, o los retratos de Alexia Khoudry en vestido de noche, tan alejadas del cliché árabe que tenemos hoy, es inevitable pensar ¿y si?: ¿Y si Palestina no llevara más de un siglo envuelta en guerras, ocupación, apartheid? ¿Y si la comunidad internacional no hubiera incentivado, auspiciado y permitido lo sucedido desde que a finales el siglo XIX se instaló la primera colonia sionista en la Palestina histórica? Sigue leyendo

Gaza, la primavera y el señor Wolfensohn

Se cumplen diez años de la crucial victoria de Hamas en las elecciones legislativas de la ANP y yo no puedo dejar de pensar en James D. Wolfensohn.

Hace diez años, decía, nos levantamos en Gaza con un bombazo diferente de los habituales, cuyas consecuencias duran hasta hoy: Hamas había ganado las elecciones legislativas de la Autoridad Nacional Palestina. Recuerdo que mi crónica publicada el 26 de enero del 2006 en El Periódico (lo que se llama una previa, escrita el día anterior) anunciaba en el título la victoria de Al Fatah. Por supuesto, estaba caducada casi en el mismo instante en que se imprimió y se distribuyó el diario. Releída después, era una crónica que titulaba con la previsible victoria de Al Fatah pero que, a partir del lid, enumeraba los motivos por los cuales… Al Fatah iba a perder. No me sucedió sólo a mí, nos pasó a todos los corresponsales: todos nos habíamos movido por los territorios ocupados, todos sabíamos del hartazgo de la población palestina, todos éramos capaces de enumerar los motivos por los cuales Hamas debía ganar. Y aun así, resultaba inconcebible que Al Fatah fuera derrotada y cediera el poder (lo primero sucedió; lo segundo, como se vio después, era cierto). Los palestinos, siempre un paso por delante de sus “hermanos árabes”, inauguraron lo que después Robert Fisk llamó “la manía de los árabes de no votar lo que toca”. Lo que toca, claro, lo decide Occidente. Sigue leyendo

Arafat: el hacedor de un pueblo

Ahora que se cumplen diez años de la muerte de Yasir Arafat, recupero el perfil de Abu Amar que publiqué en el El Periódico hace ahora diez años, el 12 de noviembre de 2004, escrito en Ramala mientras el único verdadero ‘rais’ que han conocido los palestinos agonizaba en París.

Si hubiera que elegir sólo una de las centenares de imágenes que Yasir Arafat ha deparado en sus 75 años de vida, tal vez sería la del 13 de noviembre de 1974. Ese día Arafat dijo a la Asamblea General de la ONU: “Traigo una rama de olivo y la pistola de un luchador por la libertad. No dejen que la rama se caiga de mi mano”. Terrorista o Nobel de la Paz. Esta dicotomía marca la vida de Arafat, el hacedor de un pueblo, el hombre que creó una causa, la palestina, por la que vivió, luchó, mató y murió. Mohamed Abdel Ramán Abdel Rauf Arafat al Qudua al Huseini primero se construyó como palestino antes de inventar al pueblo palestino. Nacido en El Cairo en 1929 de madre palestina y padre egipcio de Gaza, Arafat siempre defendió hasta el sonrojo que nació en Jerusalén. Una ficción –desmentida sobradamente por sus biógrafos– que daba un toque de palestinidad a alguien que siempre tuvo claro que los palestinos no debían ser un peón de las tortuosas estrategias de los países árabes. De ahí esa kufiya que caía sobre su espalda simulando el mapa de Palestina y que en los últimos años ocultaba su alopecia. Y de ahí su nombre de guerra, Abú Amar, el de un guerrero del profeta Mahoma. Sigue leyendo

Hasta la próxima

La del martes fue en Jerusalén Este, desde donde escribo este post, una noche de alegría: pirotecnia, cláxones, cánticos, algunas banderas en una zona que desde el asesinato de Mohamed Abu Kheidar (lo quemaron vivo colonos, no hay que olvidarlo) está sufriendo esa cara de la ocupación israelí que pasa desapercibida: decenas de detenciones nocturnas, controles policiales aleatorios, inspecciones de vehículos… Si hubo fiesta grande en Jerusalén Este, y en Cisjordania, y por supuesto en Gaza, fue por un hecho tan sencillo y tan de celebrar como que por un tiempo Israel dejará de destruir a bombazos Gaza. Fiesta grande, por tanto, por el hecho de haber sobrevivido y de seguir sobreviviendo. Para los palestinos, sobrevivir es resistir, sobrevivir es vencer, lo cual dice mucho, lo cual lo dice todo. Sigue leyendo

El peor enemigo de sus enemigos

Versión ampliada del artículo ‘El guerrero que nunca quiso la paz’ publicado en la versión impresa El Periódico el 13 de enero del 2014.

Es difícil, pero intenten abstraerse del (sonrojante) coro de reacciones internacionales que definen a Ariel Sharon como un valiente, tardío, pero valiente, hombre de paz al que el azote de la enfermedad le impidió, hace ocho años, completar la paz con los palestinos. Como en tantas otras cosas, para entender a Israel y a los israelís lo más fiable es acudir a los propios israelís. Acabado el shabat anoche, también hubo en Israel una catarata de comentarios y análisis sobre el calado histórico de la figura de Sharon (al que, por cierto, en su país solían llamar más Arik que bulldozer). Guerrero. General. Comandante. Soldado. Sionista. Defensor de Israel. Ante todo y ante todos, un defensor de Israel. The New York Times, que en estos asuntos es como si fuera prensa local israelí, hablaba ayer por la tarde de «feroz defensor de un Israel fuerte», de «campeón del sionismo», de un político que creía que los judíos «deben defender sus necesidades colectivas sin avergonzarse y sin miedo a la censura de los demás». Ese era Ariel Sharon. Judío, israelí, sionista, guerrero., el peor enemigo de sus enemigos. Nunca un hombre de paz. De hecho, jamás tuvo el más mínimo interés por una paz que no fuera la de su gente, como bien saben palestinos y libaneses. Condoleezza Rice, tal vez con la libertad de quien ya no ejerce ningún cargo, lo definió ayer como «un fiel y feroz defensor de la paz y la prosperidad para el Estado judío y democrático de Israel». Cuidadosa definición en lo que dice y en lo que no dice. Sigue leyendo