Kerry, fiel amigo de Israel hasta el final

Una de las características más frustrantes del mal llamado conflicto entre palestinos e israelís es que no hay nada que no se sepa. Todo está estudiado, analizado, dicho, cuantificado. En su discurso del miércoles, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, efectuó un sobrio análisis de la situación entre palestinos e israelís. Habló de ocupación, se refirió a las pésimas condiciones de vida de los palestinos, y describió con acierto qué son y qué suponen los asentamientos. Más allá del ruido y de la furia, de la hasbara y los lobis, de los prosionistas de convicción, corazón, de bolsillo, desinformados y bien o mal intencionados, todo el mundo que quiere hcerlo sabe lo que sucede en Israel y los territorios ocupados palestinos. Hay una ocupación y un ocupado. El ocupante sojuzga al ocupado con una amplia red de todo tipo de violencias. El ocupado responde con violencia, en ocasiones terrorista. En junio del próximo año, la ocupación de Cisjordania, la franja de Gaza y Jerusalén Este cumplirá ya 50 años. Como para no saber muy bien lo que sucede.

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Saving Israel from Itself

The little dirty secret of the of the UN’s resolution on Israeli settlements is that It is useless, despite all the noise and the fury coming from the israeli prime minister office. The building of settlements and the transfer of population from the occupier country to the occupied land is illegal according to  international law, and all the resolution does is reminding that fact. When it  pledged to the Quartet’s road map (yes, It still exists!)   Israel committed itself to freeze the building of settlements on occupied Palestinian land, something that, of course, it did not happen and will not happen. Sigue leyendo

Trump, Israel, Palestina y el fatalismo ilustrado

La irrupción de Donald Trump en la escena política primero estadounidense y después mundial supone un reto para el periodismo, ya que en el presidente electo de Estados Unidos confluyen muchas corrientes que definen este oficio y su entramado ideológico y empresarial, desde el componente espectáculo de la información hasta la adaptación a nuevas formas de informar en la época de las redes sociales, pasando por dilemas como qué es más importante, la imparcialidad o denunciar a los mentirosos como lo que son: mentirosos. Dos de estas corrientes que confluyen en Trump son la reducción al individuo de complejas corrientes históricas y la querencia, casi avidez, por predecir lo que va a suceder antes de que ocurra, una suerte de complejo de Nostradamus.  Sigue leyendo

Trump: un pitbull sin pintalabios

A Mitt Romeny no le gusta Donald Trump. El millonario mormón que en el 2012 perdió las elecciones ante Barack Obama y que en el 2008 perdió las primarias republicanas ante John McCain ha cargado duramente contra el millonario que encabeza por ahora la carrera en el GOP para ser el candidato a la Casa Blanca. Romney ha sido el último venerable nombre del partido –lo que la prensa estadounidense llama ‘establishment’ republicano— en cargar contra Trump. Le ha dicho, literalmente, de todo en un discurso dedicado a desprestigiar al tipo que encabeza las primaria de su partido. Un párrafo ilustrativo: “There are a number of people who claim that Mr. Trump is a con man, a fake. There is indeed evidence of that. Mr. Trump has changed his positions not just over the years, but over the course of the campaign, and on the Ku Klux Klan, daily for three days in a row.” Sigue leyendo

Trump y el ‘show-business’ de los feos

En este tiempo de florecimiento de nuevos medios y nuevas narrativas periodísticas, hay un proyecto cuyo devenir me intriga por encima del resto: el aterrizaje en Bruselas de ‘Politico’, la publicación que en Washington ha logrado convertirse en la referencia de la información política, por encima de cabeceras clásicas como ‘The Washington Post’. La política de Estados Unidos es muchas cosas, y una de ellas es espectáculo, un ‘show’ que los medios alimentan y retroalimentan con gran sentido del momento y del sentido escénico por tres grandes motivos, no necesariamente en este orden: porque es su obligación social, porque su opinión pública lo exige y porque es rentable económicamente. En ese sentido, la gris y burocrática Bruselas está muy alejada del ‘show-politics-business’ de Washington. A Jay Leno, y a muchos otros antes y después de él, se le atribuye la frase “la política es el show-business de los feos”. En Bruselas sin duda hay muchos feos, mucha política y mucho negocio; lo que me intriga es si de todo ello se puede hacer además un ‘show’ entretenido y rentable a la estadounidense. Sigue leyendo

Gana Jabotinsky

Los ciudadanos israelíes han votado, y para sorprendente sorpresa de muchos, Binyamin Netanyahu sigue donde estaba: al mando del país. Resulta pasmoso que a tantos resulte pasmoso que un país sociológicamente nacionalista extremo vote a partidos nacionalistas extremos. No se trata sólo del Likud: sumemos el resultado de aquellos partidos que política, social y religiosamente son o se consideran de derechas o conservadores y quienes no. El resultado es abrumador. Unos apuntes sobre el resultado electoral: Sigue leyendo

El primer presidente con coleta de España

Y Barack Obama llegó a Iowa, ganó, y de repente se convirtió en el fenómeno. Era enero del 2008, y desde entonces hasta al menos junio de ese año, cuando Hillary Clinton tiró la toalla en su famoso discurso de las 18 millones de grietas en el techo de cristal, muchas cosas se dijeron y se intentaron para frenar la marcha triunfal del senador por Illinois hasta la Casa Blanca, desde su (supuesta) inexperiencia hasta su (supuesta) radicalidad (contra John McCain fue otro tipo de carrera, si no más fácil, sí muy diferente). El otro día, viendo las imágenes del mitin de Pablo Iglesias en un pabellón de Barcelona, me acordé mucho de Obama. No, no digo que los dos hombres o los dos políticos sean comparables, no hablo de estatura política o intelectual, no es este el objetivo de este post. Me refiero al fenómeno, al hecho de que había casi más gente fuera del pabellón que dentro dado que el aforo no era suficiente para albergar a todos los que querían escuchar a Iglesias. Vi a Obama en muchos mítines a lo largo del 2008 y el 2009, de Virginia a Texas, de Indiana a Iowa, de Colorado a New Hampshire, de Pennsylvania a su toma de posesión en el National Mall de Wahington. En todas partes sucedía lo mismo que le pasó a Iglesias en Barcelona: más gente fuera que dentro, gente que en muchos casos era la primera vez en su vida que iba a un mitin político. Sigue leyendo