La llave en Barcelona, la cerradura en Madrid

Si yo fuera un corresponsal extranjero en España y tuviera que explicar la situación política de la forma con la que la explican los corresponsales, intentando encontrar la esencia, tal vez diría que hay muchas formas de mirar las consecuencias en Catalunya de cinco años de ‘procés’ (2011-2016), datado de diada a diada. Una de ellas es que ha dinamitado el mapa político catalán. La cartografía del 2011 la formaban CiU, ERC, PSC, PP, ICV y C’s. La del 2016 es consecuencia de dos tendencias: rupturas y coaliciones. Se rompieron el PSC i CiU, decidió diluirse ICV en el campo de los Comunes, se coaligaron (al menos por ahora) lo que queda de CDC y ERC y apareció la CUP (en términos institucionales, en la calle lleva décadas presente). Dos conclusiones pueden extraerse. Sigue leyendo

Diez a uno

Diez a uno. Esa es la ya famosa equivalencia que, según desveló la diputada Anna Gabriel, alguien del equipo negociador de Junts pel Sí les transmitió al equipo negociador de la CUP durante el largo proceso de diálogo que ha acabado con Artur Mas fuera de la Generalitat y con Carles Puigdemont como presidente. “La cabeza de un israelí vale más que la de 10 palestinos”, les dijeron, en una comparación en la que el israelí es Artur Mas y los palestinos, los diez diputados cuperos. Sigue leyendo

Felipe

Sobre la carta de Felipe González a los “ciudadanos de Cataluña para que no se dejen arrastrar a una aventura ilegal e irresponsable que pone en peligro la convivencia entre los catalanes y entre estos y los demás españoles”:

  1. Los problemas políticos, como el de Catalunya, no se solucionan en los tribunales, sino con política. Alguien que hizo la Transición debería saberlo, ya que se basó en obviar la justicia en nombre de la política (con consecuencias que vemos ahora en muchos ámbitos). Insistir como argumento definitivo en el debate en la “ilegalidad” de las aspiraciones políticas de miles de catalanes es echar de ese marco legal a ellos y a muchos otros que sin ser independentistas no entienden por qué el marco legal no permite dirimir este asunto en las urnas.

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El catalán cansado

Lo confieso: ser catalán me resulta muy cansado. Constantemente tienes que ir explicándote, decidiendo, etiquetándote. En ocasiones, en momentos de flaqueza, a uno casi le entran ganas de ser de Kansas o de Essex, de algún lugar donde no haya que dar explicaciones de lo que uno habla (si catalán, si español, si los dos) ni de lo que uno se siente (catalán, catalán/español, español/catalán, español, ninguna de estas opciones). En este sentido, Catalunya no es un lugar normal, sino ese sitio en que muchos hijos de la inmigración han sido considerados durante años españolistas en casa y catalanistas en el pueblo sin cambiar ni una coma de su discurso. Catalunya es ese lugar tan poco normal que cuando llegan unas elecciones planteadas como plebiscito sin ser un plebiscito y sin las normas electorales que la permitan ser un plebiscito con garantías no hay dos bloques (el sí y el no a la independencia), sino tres: el sí, el no y el ahora no toca, hay otras prioridades, bloque al que los del sí acusan de ser del no y los del no, de ser del sí. Un lugar tan raro que en unas elecciones en Barcelona celebradas tras cuatro años de proceso soberanista no ganó ni el sí ni el no, y en la que es elogiable que los ciudadanos voten por la independencia de Catalunya pero no si Barcelona se adhiere a la asociación de municipios por la independencia. Es tan peculiar Catalunya que el partido que ganó las últimas elecciones (europeas) ha renunciado a intentar ganar las autonómicas para pactar (y salvar) a su principal adversario, y que los dos partidos más importantes en el resto del Estado se van a convertir casi en residuales. Sigue leyendo

Desde la Entidad Ibérica

Si yo fuera corresponsal extranjero en España (o Catalunya, o esta Entidad Ibérica, o como a cada cual le guste llamar al territorio que va de los Pirineos al Ebro y sigue hasta Gibraltar) y tuviese que explicar lo que está sucediendo con el lujo del observador externo diría que la crisis económica como mucho ha acelerado el proceso que se vive en Catalunya, pero que no es la causa y ni siquiera lo explica, que las balanzas fiscales a lo máximo a lo que llegan es a reforzar un movimiento que lleva tiempo larvándose en la sociedad catalana. Sigue leyendo