La cultura de Defensa en España e Israel

Un cuaderno escolar, maltrecho, con garabatos infantiles en árabe, fue recuperado de un cráter de amasijos de barro, escombros e hierro carbonizados en un barrio de la ciudad de Gaza. En el muro de un dañado edificio cercano al cráter, alguien escribió: “Esta es la paz israelí; estas son las armas americanas”. Gaza. 23 de julio del 2002. El día anterior, una bomba de una tonelada lanzada desde un F-16 de las fuerzas aéreas isralíes había destruido ese edificio. Murieron 15 personas. Casi 200 resultaron heridas.  El objetivo del bombardeo, un ejemplo de lo que Israel llamaba “asesinatos selectivos” o “asesinatos extrajudiciales”, era Salah Shehadeh, líder de Hamás. Shehadeh murió, al igual que su esposa, un hijo y una hija suyos. Los muertos no suelen tener nombre, sino que son reducidos a cifras, por eso siempre intento citarlos: Salah Mustafa Shahadeh, 49 años; Laila Khamis Shahadeh, 41 años; Iman Salah Shahadeh, 14 años; Iman Hassan Matar, 27 años; Alaa Muhammad Matar, 11 años; Dunia Rami Matar, 5 años; Muhammad Raed Matar, 4 años; Aiman Raed Matar, 2 años; Dina Raed Matar, 1 año; Muna Fahmi al-Huti, 22 años; Subhi Mahmoud al-Huti, 5 años; Muhammad Mahmoud al-Huti, 3 años; Zaher Saleh Nassar, 37 años; Yusef Subhi ‘Ali a-Shawa, 42 años; Khader Muhammad al Sa’idi, 67 años. “Estoy muy preocupado con ustedes los españoles”, me espetó a bocajarro un joven –con sangre seca en su ropa varias horas después del bombardeo– en la carpa fúnebre levantada cerca del cráter cuando me presenté como periodista español a la caza de testigos. “¿Qué está haciendo su Ejército con Marruecos en la isla de Laila? Lo he visto por Al Jazeera…” Yo, a esa isla, la  llamaba Perejil, y llevaba tan poco tiempo en la zona que aún no entendía nada, no sabía nada. Sigue leyendo

Dejar en paz a la paz

Texto preparado para una charla organizada por el Col.lectiu Antimilitarista de Sant Cugat el 12 de octubre del 2013

Antes de empezar quisiera tener unas palabras de recuerdo para mi amigo y compañero de El Periódico Marc Marginedas, que se encuentra secuestrado en Siria desde principios de septiembre por el simple hecho de haber ido a contar lo que allí sucede.

Me gustaría empezar hablando de una de las víctimas ocultas del conflicto entre palestinos e israelíes. No, no me refiero a los palestinos, ni a los beduinos, ni a los cuatro israelíes de izquierdas, ni a los académicos que piden un boicot a las universidades israelíes ni a los habitantes de las aldeas árabes de la Galilea. No. Me refiero a las palabras, a la capacidad de elaborar un discurso coherente en el que todos sepamos lo que estamos diciendo porque las palabras significan lo que significan y no otra cosa. Una de las consecuencias del conflicto es la desnaturalización de una serie de palabras que no significan lo que deberían significar sino que sirven de parapeto, de muralla, para ocultar una realidad diametralmente opuesta a su significado. Espero que comprendáis que, para mí, las palabras son un bien valioso, a proteger. Soy periodista, y mientras haya alguien interesado en ello me dedico a captar hechos, manipularlos (en el sentido etimológico del verbo) y convertirlos en palabras. Les tengo, pues, un cariño especial a las palabras. Sigue leyendo

Nelson Mandela

Siempre me ha parecido peculiar esto de elogiar a los muertos una vez están eso, muertos, cuando ya no pueden escuchar a los vivos recitar sus virtudes, rememorar sus anécdotas, ensalzar sus figuras. Así que yo, si no os importa, escribiré mi, breve, elogio sobre Nelson Mandela mientras aún está vivo, cuando las portadas que están ya diseñadas no han visto la luz, cuando los obituarios ya redactados no se han publicado, cuando las lágrimas aún no se han derramado. Por supuesto, Mandela nunca leerá estas líneas, ni falta que le hace. Cuando eres Mandela supongo que debes de estar acostumbrado a que la gente te escriba, te hable, te rece, se dirija a ti como buenamente puede sin que tú no tengas ni la más remota idea de que es así. Sigue leyendo

El encanto cosmopolita de la circuncisión

Nunca tuvo ninguna oportunidad de llegar a ningún sitio la sentencia del tribunal de Colonia en contra de la práctica de la circuncisión a los niños. A partir del caso de un niño que tuvo que ser llevado al médico porque sangraba abundantemente, el tribunal sentenció que la circuncisión es una agresión al cuerpo del niño de consecuencias irreversibles por motivos religiosos, una “lesión física, ilegal, irreversible y sancionable” en relación con los derechos del menor. Al aceptar que la circuncisión puede llevarse a cabo en adultos, lo que el tribunal ponía encima de la mesa es que la libertad religiosa no puede colocarse por encima de la protección de la infancia. Sigue leyendo