La llave en Barcelona, la cerradura en Madrid

Si yo fuera un corresponsal extranjero en España y tuviera que explicar la situación política de la forma con la que la explican los corresponsales, intentando encontrar la esencia, tal vez diría que hay muchas formas de mirar las consecuencias en Catalunya de cinco años de ‘procés’ (2011-2016), datado de diada a diada. Una de ellas es que ha dinamitado el mapa político catalán. La cartografía del 2011 la formaban CiU, ERC, PSC, PP, ICV y C’s. La del 2016 es consecuencia de dos tendencias: rupturas y coaliciones. Se rompieron el PSC i CiU, decidió diluirse ICV en el campo de los Comunes, se coaligaron (al menos por ahora) lo que queda de CDC y ERC y apareció la CUP (en términos institucionales, en la calle lleva décadas presente). Dos conclusiones pueden extraerse. Sigue leyendo

Talibanes con kufiya en Asturias

Leo que el viernes 15 de abril unos 200 escolares de cinco colegios asturianos visitaron el Regimiento Príncipe del cuartel Cabo Noval, donde presenciaron y participaron en un “entrenamiento en conflicto”. Según la información de El Mundo, la visita escolar consistió en: “Críos apuntando con fusiles de asalto. Soldados de verdad con la cara pintada de colores de batalla. Tiroteos con petardos aparentando balas. Niños subiéndose a vehículos de guerra. Y un simulacro de combate donde el enemigo dispara con una ametralladora desde una torre y va identificado ante los menores con pañuelos palestinos”. La excursión escolar ha creado una gran polvareda, primero porque no parece muy educativo que los niños empuñen fusiles de asalto, al menos en horario lectivo. Segundo porque identifica al enemigo terrorista con el “pañuelo palestino”, la kufiya, lo cual, pues hombre, es un pelín islamófobo, una generalización racista y peligrosa como, no sé, identificar a todos los narcos con el sombrero mexicano, a todos los policías con Torrente, a todos los militares con aquellos que vulneran los derechos humanos o a todos los políticos con el ministro de Defensa, Pedro Morenés. Injusto, ofensivo e intolerable. Sigue leyendo

Carmena, amiga de amigos de Israel

Leo: “La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se ha adherido hoy (lunes, 7 de marzo) a la Declaración de Alcaldes Unidos contra el Antisemitismo. Carmena ha firmado esta declaración junto a René-Pierre Azria, representante del American Jewish Committee (Comité Judío Estadounidense), una de las organizaciones de defensa de la comunidad judía más antiguas de Estados Unidos cuyo objetivo es defender los derechos de los judíos en todo el mundo. Al acto, al que han asistido representantes de este Comité, también ha acudido el presidente de la Federación de Comunidades Judías en España, Isaac Querub.” (aquí, el link) Sigue leyendo

Felipe

Sobre la carta de Felipe González a los “ciudadanos de Cataluña para que no se dejen arrastrar a una aventura ilegal e irresponsable que pone en peligro la convivencia entre los catalanes y entre estos y los demás españoles”:

  1. Los problemas políticos, como el de Catalunya, no se solucionan en los tribunales, sino con política. Alguien que hizo la Transición debería saberlo, ya que se basó en obviar la justicia en nombre de la política (con consecuencias que vemos ahora en muchos ámbitos). Insistir como argumento definitivo en el debate en la “ilegalidad” de las aspiraciones políticas de miles de catalanes es echar de ese marco legal a ellos y a muchos otros que sin ser independentistas no entienden por qué el marco legal no permite dirimir este asunto en las urnas.

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El catalán cansado

Lo confieso: ser catalán me resulta muy cansado. Constantemente tienes que ir explicándote, decidiendo, etiquetándote. En ocasiones, en momentos de flaqueza, a uno casi le entran ganas de ser de Kansas o de Essex, de algún lugar donde no haya que dar explicaciones de lo que uno habla (si catalán, si español, si los dos) ni de lo que uno se siente (catalán, catalán/español, español/catalán, español, ninguna de estas opciones). En este sentido, Catalunya no es un lugar normal, sino ese sitio en que muchos hijos de la inmigración han sido considerados durante años españolistas en casa y catalanistas en el pueblo sin cambiar ni una coma de su discurso. Catalunya es ese lugar tan poco normal que cuando llegan unas elecciones planteadas como plebiscito sin ser un plebiscito y sin las normas electorales que la permitan ser un plebiscito con garantías no hay dos bloques (el sí y el no a la independencia), sino tres: el sí, el no y el ahora no toca, hay otras prioridades, bloque al que los del sí acusan de ser del no y los del no, de ser del sí. Un lugar tan raro que en unas elecciones en Barcelona celebradas tras cuatro años de proceso soberanista no ganó ni el sí ni el no, y en la que es elogiable que los ciudadanos voten por la independencia de Catalunya pero no si Barcelona se adhiere a la asociación de municipios por la independencia. Es tan peculiar Catalunya que el partido que ganó las últimas elecciones (europeas) ha renunciado a intentar ganar las autonómicas para pactar (y salvar) a su principal adversario, y que los dos partidos más importantes en el resto del Estado se van a convertir casi en residuales. Sigue leyendo

Ellos, Nosotros y Colau

He vivido tres momentos electorales de excitación democrática similar al que hubo el domingo por la noche en Barcelona. En el 2003, en el hotel Palestina de Bagdad, vimos gracias a la conexión satélite del equipo de TVE la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero tras la infame gestión del 11-M del Gobierno de José María Aznar. Fue aquella la victoria de la rabia contra unos gobernantes indignos. En el 2006 viví en Gaza la victoria de Hamas en las elecciones legislativas palestinas, un experimento democrático en el mundo árabe. Fue aquella la victoria de la desesperación. En el 2008 viví en Washington la victoria de Barack Obama en las presidenciales de Estados Unidos. Fue aquella la victoria que nos vendieron como la de la esperanza, envuelta en la grandilocuencia y la potencia de fuego (en muchos sentidos) estadounidense. Sigue leyendo

El primer presidente con coleta de España

Y Barack Obama llegó a Iowa, ganó, y de repente se convirtió en el fenómeno. Era enero del 2008, y desde entonces hasta al menos junio de ese año, cuando Hillary Clinton tiró la toalla en su famoso discurso de las 18 millones de grietas en el techo de cristal, muchas cosas se dijeron y se intentaron para frenar la marcha triunfal del senador por Illinois hasta la Casa Blanca, desde su (supuesta) inexperiencia hasta su (supuesta) radicalidad (contra John McCain fue otro tipo de carrera, si no más fácil, sí muy diferente). El otro día, viendo las imágenes del mitin de Pablo Iglesias en un pabellón de Barcelona, me acordé mucho de Obama. No, no digo que los dos hombres o los dos políticos sean comparables, no hablo de estatura política o intelectual, no es este el objetivo de este post. Me refiero al fenómeno, al hecho de que había casi más gente fuera del pabellón que dentro dado que el aforo no era suficiente para albergar a todos los que querían escuchar a Iglesias. Vi a Obama en muchos mítines a lo largo del 2008 y el 2009, de Virginia a Texas, de Indiana a Iowa, de Colorado a New Hampshire, de Pennsylvania a su toma de posesión en el National Mall de Wahington. En todas partes sucedía lo mismo que le pasó a Iglesias en Barcelona: más gente fuera que dentro, gente que en muchos casos era la primera vez en su vida que iba a un mitin político. Sigue leyendo