El cabreo universal

Todos los políticos son iguales. La culpa es de los burócratas de Bruselas. Washington is broken. No nos representan. No es una crisis, es el sistema. Yo no soy antisistema, el sistema es anti-yo. Son frases de uso recurrente en las conversaciones, ya convertidas en clichés, y eslóganes de manifestaciones de indignados. Cambian palabras y hay decenas de detalles propios de cada país, pero en esta cabreo universal hacia el orden establecido que recorre el mundo occidental, desde Europa del este hasta Estados Unidos, hay varias ideas que se repiten y un eje primordial, primario, que monopoliza la conversación: el eje ellos (los políticos, los bancos, los empresarios, los medios de comunicación tradicionales, el 1%, el establishment, en definitiva) y el nosotros (los ciudadanos, la gente, el 99%, las víctimas de una crisis que explotó con los hipotecas subprime en EEUU y se cebó con el sistema del Estado del bienestar en Europa y que es percibida como una estafa por los que se quedaron en la cuneta o por esa clase media a la que la gran depresión del siglo XXI ha empobrecido). Y a partir de este eje, un totum revolutum en el que conviven sinceros llamamientos a un cambio imprescindible y la barra libre para el populismo de todo pelaje.

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G-e-n-t-e

¿Qué es lo que quieres hacer?, me preguntan algunos. ¿Dejar entrar a toda esa gente que viene sin papeles, sin pasaportes, que vete a saber cuántos están infiltrados por el Estado Islámico? ¿Quieres que nos convirtamos en Europa en los grandes paganos de las injusticias del mundo?, me dicen. Nosotros también tenemos problemas, añaden, no podemos ni pagar una sanidad decente para nosotros, cómo vamos a pagársela a ellos, si no podemos ni garantizar la educación de calidad para nuestros hijos cómo vamos a pagársela a los de ellos, qué culpa tenemos nosotros, los europeos, de que ellos tuvieran a Gaddafi, o a Assad, o a Saddam, de que no hayan hecho la ilustración, de que la religión los empobrezca, de que sus líderes los tiranicen, de que no sepan organizarse ni prosperar, pobre gente. Y dicen gente de esa forma, con esa entonación, con esa forma de masticar las letras, g-e-n-t-e, que te hacen desear jamás, por favor, que jamás yo sea g-e-n-t-e para ellos. Sigue leyendo

#JeSuisSerHumano

Por no tener, el barco pesquero abarrotado que el que viajaban las 700 personas que naufragó el domingo en la que tal vez sea la peor tragedia migratoria jamás vista en el Mediterráneo, esa fosa común, no tenía nombre. O al menos no he sido capaz de encontrarlo, así que me imagino a todos los líderes mundiales apesadumbrados, a todos los generadores de opinión en Twitter atribulados y a todos los opinantes y tertulianos azorados porque no van a poder popularizar un hashtag solidario, tipo #JeSuisCharlie o #BringBackOurGirls, con el que expresar su empatía, solidaridad y, qué demonios, simpatía con las 700 víctimas, ” hombres y mujeres como nosotros, hermanos que buscan una vida mejor, hambrientos, perseguidos, heridos, explotados, víctimas de guerras, que buscan una vida mejor”, en palabras del Papa Francisco, ese antisistema. Sigue leyendo