La cruzada de Trump

(Artículo publicado en El Periódico de Catalunya el 6/17/2017)

Hay que agradecerle a Donald Trump que con su desacomplejada mezcla de ignorancia, arrogancia, vanidad y egoísmo haya dado el paso de formalizar lo que desde hace años son unas cuantas verdades en el llamado conflicto palestino-israelí. Por ejemplo: que EEUU no es un mediador de buena fe e imparcial entre las dos partes. Que lo que digan, sienten o piensen los palestinos no tiene el mínimo peso en el devenir de los acontecimientos (y mucho menos sus derechos). Que  el liderazgo palestino no es más que una fachada, y que da igual lo que haga, cuántos deberes intente cumplir, que nunca será tratado en pie de igualdad en un conflicto con una correlación de fuerzas profundamente desequilibrada. Que lo que opine el resto de la comunidad internacional no tiene ninguna influencia sobre el binomio Washington-Tel-Aviv. Que la solidaridad de los «hermanos árabes» con  los palestinos es algo peor que retórica vacía: una falsedad que se cobra en sangre lo que se vende en petróleo.  Que la legalidad internacional y las resoluciones de la ONU no tienen la más mínima importancia cuando de Israel y EEUU se trata.  Que los palestinos están solos, a su suerte, y son débiles. Que el proceso de paz es una cortina de humo, que la solución de los dos Estados está muerta y enterrada. Que ser fuerte y tomar decisiones sustentadas por la fuerza da réditos. De Teherán a Pyongyang, de Riad a Pekín, de Moscú a Estambul, se toma buena nota de este hecho: primero construye asentamientos, y después niégate a responder preguntas. Funciona.

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El elefante y la cola del ratón

En plena segunda Intifada, el embajador de España en Tel-Aviv invitó a los corresponsales de la prensa española a comer en su residencia. El diplomático acababa de llegar, y una invitación de este tipo es un formalismo habitual. Avanzada la comida, los periodistas nos enfrascamos en una discusión sobre si el muro que entonces Israel construía en Cisjordania debía llamarse muro o valla. A lo largo de su trazado, la barrera combina trayectos en los que toma la forma de un gran muro de ocho metros de alto (más alto de lo que fue el muro de Berlín) y otros en los que es una gran valla electrificada con una amplia zona de seguridad a ambos lados. Llamar muro a la barrera, que es como la llaman los palestinos, supone considerarla ilegal y criticar su construcción del lado palestino de la Línea Verde, la expropiación de tierras palestinas que acarreó y los movimientos estratégicos unilaterales en términos de fronteras y asentamientos que implica. Llamarla valla, que es como la califica Israel, equivale a justificar su construcción por motivos de seguridad y dotarla por tanto de legitimidad e incluso de legalidad bajo el argumento de la defensa propia. En esa comida, los corresponsales españoles coincidimos en llamar muro a la barrera. Los corresponsales israelíes castellanoparlantes, muchos de origen latinoamericano, formaban el bando de la valla. La conversación, una discusión en realidad, fue poco edificante, el embajador nos observaba estupefacto. Sigue leyendo

Yerushalayim, Al Quds

Artículo publicado el 4 de junio en El Periódico de Catalunya

En las tiendas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, da igual si es en el barrio musulmán o el judío, es frecuente encontrar una fotografía de David Rubinger en la que se ve a tres paracaidistas del Ejército israelí arrobados ante el Muro de las Lamentaciones. La fotografía fue tomada el 7 de junio de 1967, cuando las tropas israelís conquistaron la Ciudad Vieja, y con el tiempo la imagen de los tres soldados se ha convertido en icónica de la joya de aquella victoria: Jerusalén. Sigue leyendo

Kerry, fiel amigo de Israel hasta el final

Una de las características más frustrantes del mal llamado conflicto entre palestinos e israelís es que no hay nada que no se sepa. Todo está estudiado, analizado, dicho, cuantificado. En su discurso del miércoles, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, efectuó un sobrio análisis de la situación entre palestinos e israelís. Habló de ocupación, se refirió a las pésimas condiciones de vida de los palestinos, y describió con acierto qué son y qué suponen los asentamientos. Más allá del ruido y de la furia, de la hasbara y los lobis, de los prosionistas de convicción, corazón, de bolsillo, desinformados y bien o mal intencionados, todo el mundo que quiere hcerlo sabe lo que sucede en Israel y los territorios ocupados palestinos. Hay una ocupación y un ocupado. El ocupante sojuzga al ocupado con una amplia red de todo tipo de violencias. El ocupado responde con violencia, en ocasiones terrorista. En junio del próximo año, la ocupación de Cisjordania, la franja de Gaza y Jerusalén Este cumplirá ya 50 años. Como para no saber muy bien lo que sucede.

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Saving Israel from Itself

The little dirty secret of the of the UN’s resolution on Israeli settlements is that It is useless, despite all the noise and the fury coming from the israeli prime minister office. The building of settlements and the transfer of population from the occupier country to the occupied land is illegal according to  international law, and all the resolution does is reminding that fact. When it  pledged to the Quartet’s road map (yes, It still exists!)   Israel committed itself to freeze the building of settlements on occupied Palestinian land, something that, of course, it did not happen and will not happen. Sigue leyendo

Trump, Israel, Palestina y el fatalismo ilustrado

La irrupción de Donald Trump en la escena política primero estadounidense y después mundial supone un reto para el periodismo, ya que en el presidente electo de Estados Unidos confluyen muchas corrientes que definen este oficio y su entramado ideológico y empresarial, desde el componente espectáculo de la información hasta la adaptación a nuevas formas de informar en la época de las redes sociales, pasando por dilemas como qué es más importante, la imparcialidad o denunciar a los mentirosos como lo que son: mentirosos. Dos de estas corrientes que confluyen en Trump son la reducción al individuo de complejas corrientes históricas y la querencia, casi avidez, por predecir lo que va a suceder antes de que ocurra, una suerte de complejo de Nostradamus.  Sigue leyendo

Árboles y ‘check points’

(Texto preparado para la charla ‘Del conflicto a la red de violencias’, en el marco de la exposición Jerusalem ID de Mapasonor + Domènec, en Mataró el 6 de octubre del 2016)

Hay en Jerusalén un entramado de cables en los postes de la luz, a simple vista como los de cualquier otra ciudad, pero en realidad muy diferentes. Este cable es muy similar al de la electricidad o al del teléfono, con la particularidad que de vez en cuando cuelga de él un trozo de tela rojo. Cuesta verlo, y si lo ves, cuesta identificarlo como lo que es, un muro invisible que separa espacios. Según establece la Torá, hay 39 categorías de actividades prohibidas durante el shabat. Una de ellas es transportar objetos o personas, da igual su tamaño o peso, de un lugar privado a uno público y viceversa. En puridad, pues, si uno cumple los preceptos del shabat no podría salir a la calle cargando nada, incluido, por ejemplo, bebés o ancianos hacia la sinagoga o el muro de las Lamentaciones. La solución que hallaron, hace siglos, los rabinos fue el Eruv: tiras un cable, delimitas un espacio y decretas que el lugar delimitado es espacio privado. Ya puedes llevar lo que quieras en ese espacio durante el shabat. No es ninguna tontería: hay Eruv en más de 150 ciudades del mundo, de Jerusalén a Nueva York, pasando por Los Ángeles. Sigue leyendo