Yerushalayim, Al Quds

Artículo publicado el 4 de junio en El Periódico de Catalunya

En las tiendas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, da igual si es en el barrio musulmán o el judío, es frecuente encontrar una fotografía de David Rubinger en la que se ve a tres paracaidistas del Ejército israelí arrobados ante el Muro de las Lamentaciones. La fotografía fue tomada el 7 de junio de 1967, cuando las tropas israelís conquistaron la Ciudad Vieja, y con el tiempo la imagen de los tres soldados se ha convertido en icónica de la joya de aquella victoria: Jerusalén. Sigue leyendo

Anuncios

Árboles y ‘check points’

(Texto preparado para la charla ‘Del conflicto a la red de violencias’, en el marco de la exposición Jerusalem ID de Mapasonor + Domènec, en Mataró el 6 de octubre del 2016)

Hay en Jerusalén un entramado de cables en los postes de la luz, a simple vista como los de cualquier otra ciudad, pero en realidad muy diferentes. Este cable es muy similar al de la electricidad o al del teléfono, con la particularidad que de vez en cuando cuelga de él un trozo de tela rojo. Cuesta verlo, y si lo ves, cuesta identificarlo como lo que es, un muro invisible que separa espacios. Según establece la Torá, hay 39 categorías de actividades prohibidas durante el shabat. Una de ellas es transportar objetos o personas, da igual su tamaño o peso, de un lugar privado a uno público y viceversa. En puridad, pues, si uno cumple los preceptos del shabat no podría salir a la calle cargando nada, incluido, por ejemplo, bebés o ancianos hacia la sinagoga o el muro de las Lamentaciones. La solución que hallaron, hace siglos, los rabinos fue el Eruv: tiras un cable, delimitas un espacio y decretas que el lugar delimitado es espacio privado. Ya puedes llevar lo que quieras en ese espacio durante el shabat. No es ninguna tontería: hay Eruv en más de 150 ciudades del mundo, de Jerusalén a Nueva York, pasando por Los Ángeles. Sigue leyendo

Contra el olvido

(Texto preparado para la presentación del libro de Teresa Aranguren y Sandra Barrilaro ‘Contra el olvido, Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1889-1948’)

Resulta un ejercicio impactante observar con detenimiento las fotografías que conforman esta joya que es ‘Contra el olvido, Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1889-1948’. Es impactante porque muestra una vida, la palestina, que existía antes de la creación del Estado de Israel, a pesar de ese mito de la tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra, que siempre me ha parecido uno de los más crueles de los del sionismo y al mismo tiempo uno de los más clarificadores, ya que muestra en toda su crudeza la base colonialista y nacionalista extrema de esta ideología.

Viendo las fotos, por ejemplo, de la sesión de cine al aire libre en Halhul, o la del equipo de la Radiodifusión palestina, o los retratos de Alexia Khoudry en vestido de noche, tan alejadas del cliché árabe que tenemos hoy, es inevitable pensar ¿y si?: ¿Y si Palestina no llevara más de un siglo envuelta en guerras, ocupación, apartheid? ¿Y si la comunidad internacional no hubiera incentivado, auspiciado y permitido lo sucedido desde que a finales el siglo XIX se instaló la primera colonia sionista en la Palestina histórica? Sigue leyendo

Columpios terroristas

Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza dos parques infantiles en Jerusalén Este. Uno se encuentra adyacente a una pista polideportiva cercana a varios consulados, entre ellos el español; el otro está en el barrio de Beit Hanina. Supongo que como parque infantil también cuenta el espacio para niños en el ‘compound’ del hospital Victoria Augusta. En el parque del consulado es frecuente ver botellas rotas y suciedad, no es que el ayuntamiento se esmere mucho en cuidarlo. El parque de Beit Hanina es de arena, y tiene una buena sombra. Suele estar frecuentado, aunque es más fácil ver a los niños vagar por Beit Hanina en sus bicicletas entre medio del tráfico que en el parque. Normal, estos dos parques son la excepción, ya que en Jerusalén Este no hay parques infantiles. Sigue leyendo

Ellas

Ella subió al tranvía en la misma estación que yo en pleno centro de Jerusalén Oeste, en la calle de Jaffa. Tenía aspecto de recién haber estrenado la veintena y vestía ‘a lo occidental’, que es uno de los clichés que solemos usar los periodistas que de vez cuando escribimos sobre mujeres musulmanas, un eufemismo que en realidad quiere decir “no llevaba pañuelo”, es decir, no usaba hiyab, ni niqab ni ninguna de las otras formas de vestimenta asociadas a las mujeres musulmanas. Sigue leyendo

Miedo

En el YMCA de Jerusalén Oeste una placa dice: “Este es un lugar cuya atmósfera es paz, donde las rencillas políticas y religiosas pueden ser olvidadas y la unidad internacional fomentada y desarrollada”. Son palabras de Edmund Allenby, mariscal británico, uno de los muchos militares que pueden decir en su biografía que “tomaron Jerusalén”, alto comisionado (gobernante) de Egipto y uno de los responsables militares de la caída del imperio Otomano. Hazañas (imperiales, por tanto colonialistas) por las cuales se le recuerda con el dudoso honor de bautizar el puente fronterizo entre Israel y Jordania (del lado israelí, puesto que del lado jordano el puente se llama Rey Hussein). Sigue leyendo

Hijos de ‘Israel, 1957’

He aquí algunos posts que he publicado en Facebook a cuenta de la situación que se vive en Jerusalén:

  1. Dice Netanyahu que Hitler no quería exterminar a los judíos, sino expulsarlos, y que fue el entonces mufti de Jerusalén, Amin al-Husseini, el que le pidió que no lo hiciera, ya que entonces todos irían a Palestina. El mufti, dice Netanyahu, le dijo a Hitler que era mejor quemarlos vivos. Con lo cual queda demostrado que los árabes y los musulmanes (los de ahora, que son los que cuentan para Netanyahu) son literalmente peores que los nazis, voilà. La manipulación histórica del Holocausto para justificar el sionismo no es nueva (hay que leer a Finkelstein). Tampoco lo es la tesis de la relación entre Hitler y Al Husseini (una gran foto de ambos se puede ver en el Museo del Holocausto de Jerusalén, con la obvia implicación, muy cerca de un mapa de la población judía antes de la Segunda Guerra Mundial que ya incluye a Israel como país). Los ‘historiadores’ que defienden que el Holocausto fue una idea del mufti y de los islamistas (en serio) son considerados tan rigurosos en la academia como los que sostienen que el Holocausto es un invento y que no existió. En nombre de la memoria, el famoso “nunca olvidar”, algún día los judíos tendrán que levantarse y decir basta, mirar cara a cara al sionismo al estilo que Dorian Gray observaba su retrato y actuar en consecuencia (es lo que tiene que una ideología actúe en tu nombre, que es tu problema, lo cual vale para todos los nacionalismos). No es casualidad que mientras Netanyahu tortura la historia, algunos de los miembros de la extrema derecha heredera política, ideológica y sentimental de quienes realmente decidieron exterminar a los judíos son hoy los más fieles amigos del Estado de Israel.

Sigue leyendo